sábado, octubre 30

Tristeza súbita

Por Sol Guerrero

Ayer, 29 de Octubre, Vera cumplió 10 meses. Claro que, a pesar de estos días de consternación, no me olvidé. Pero esta vez me tocó decírselo afligida. A falta de su risa sólo obtuve una mirada ladeada. Descontando el día de su nacimiento creo que es la primera vez que solté lágrimas frente a ella.  Seguro sabe por qué. O, en tal caso, lo irá sabiendo.


La vida no siempre es bella, qué mierda, por lo tanto no le inventé ningún juego hipócrita. Vera es nuestra hija pero también lo es de este país. Casi, casi, que dependerá más de éste que de nosotros.

Sin ella hubiera sido distinto, tal vez. Con dolor también, pero más ajustado a la racionalidad que otros quisieran ver en mí ante los hechos. El plus de la existencia de Vera me incrusta la muerte de Néstor Kirchner en el alma.

Yo sé que más de uno, incluso quienes me conocen desde muy cerquita, no entienden. Será porque siempre fui medida con los “amores” sociales o públicos. Si de fanatismos se trata no porto pasiones religiosas, ni futbolísticas, ni artísticas. Ni siquiera político partidarias. Me mostré en más de una ocasión libre pensadora. No tengo nada que venga “de raza”. Pero sí tengo ilusiones.

Desde antes del 2003, ese tipito me gustó. En esporádicas apariciones en la T.V., como gobernador, me provocaba cosquillas en los labios. A ese feúcho, entre tanto político, lo escuchaba con atención. “Me gusta”, decía cada vez…

Lo voté convencidísima. No lo hice por resignación o por una aguerrida afrenta contra Menem. O también, en todo caso, pero lo voté feliz y desde entonces, por primera vez, me fue saliendo bien.

Provengo de una familia simpatizante del peronismo pero no fueron ni sus “hijos” ni sus soldados, fueron siempre más socialistas que peronistas. Lo cierto es que en más de una oportunidad -y pese a los momentos de angustia familiar por los que pasamos en la dictadura, de los que tengo recuerdos sensitivos-, sentí nostalgia de la pasión política y la militancia que tuvieron mis viejos. Siempre anhelé eso para mí pero a pesar de las intentonas de política barrial y universitaria no encontraba demasiado bien dónde hacer pie. Hasta que llegó él.

No voy a enlistar lo que a esta altura, ya se sabe, hizo bien. Ciencia ficción, dijo mi compañero, y es exactamente eso. Quiero decir que además me gustó por lo que hizo mal y no, como tantos me han intentado decir sin la frescura suficiente, por acrítica o por fundamentalista, no.  Me gustó con sus errores porque confío en los seres humanos y sus contradicciones, no en los puristas, ni en los inmolados. No  descanso ni en los demagogos ni en los altruistas; confío en los desprolijos bienintencionados y él fue eso para mí. La diferencia radica en aquellos que hacen por lo que tienen y los que hacen por lo que les falta. Y ese pingüino lo tenía todo.

Admiro y admiré cómo fue construyendo el poder, con cuadros nuevos y los de la vieja política. Cómo fue aliándose con lo mejor y lo peor del aparato peronista para ir montando escenas propias. Cómo fue despegándose de los obstaculizadores e indolentes. Cómo desplegó su desfachatez sin esperar la venia de nadie. Me gustaba cómo negociaba intereses del pueblo con los sectores mezquinos, aves de rapiña, pero cercanos al fin y presas duras de roer. Y todo eso que, a caminito lento, fue logrando desde la soledad al principio y desde la solvencia política después.

Los dos me enamoraron por sus intenciones o sus fines, pero también, por sus medios y por sus formas…

No soy obtusa, no. En la intimidad, en más de una ocasión, pensé “¿Cómo no lo hizo de otra manera?” Pero aún así, como cualquier amor “pispireto” lo quise con el alma, la razón y el cuerpo puesto allí a defender;  y  si por caso mi cara andaba al viento, lo hice sin ambigüedades, ante los otros. Como quien por mucho menos lo hace por un equipo de fútbol, por su camiseta.  Tal vez, lo que me reivindique, en este caso, es que en medio del partido hay más de 40 millones de argentinos en juego.

Por eso lo voy a extrañar cada día. Porque era palpitante hasta para tenerlo de enemigo, adversario o como coño quieran llamarlo. Él era una bestia política y de aquí en más no creo que quepa en mi memoria otro registro semejante. Pero Néstor, el compañero y amigo como supo decir la gente en la plaza estos días,  ya no está y eso me va a seguir pareciendo una leyenda, no por incredulidad sino por desazón.

Mientras tanto yo no siento miedo porque está ella y ella es –ella-. Cristina es guerrera. Y disculpen si suena soberbio pero yo sé algo de eso… Lo que tengo es una profundísima pena, porque quién me puede negar que juntos eran un frente inquebrantable. Me llena de dolor saberla a ella sin él. Sin sus intimidades. Me inquieta saber quién portará la osadía suficiente para animarse al trabajo sucio que era juego de él. Me conmueve la tristeza de los más humildes, de los jóvenes y de los viejos. En ellos se los respiraba a ambos. -Dignidad- es lo que más les escuché decir en la plaza y esa es la palabra precisa. Me desencaja que no puedan seguir siendo, juntos, guías del país ideal que hoy se vislumbraba.

El futuro de mi hija es una apuesta en juego. Por lo pronto la democracia seguirá siendo mi religión y este peronismo K, mi cura.

Vera cumplió 10 meses y mi golpe al corazón es por mí pero mucho más por ella, porque haciendo cuentas no hubiera querido tener que contarle esta historia “perfecta”, hubiera querido que creciera con ella...


viernes, octubre 29

Chau Néstor

Por Pini Raffaele

Por unos cuantos años de diferencia no llegué a vivir el primer peronismo. Provengo además de un hogar antiperonista y en el ´73 tenía apenas trece años. O sea que, de un modo u otro, nunca pude vivir a pleno los momentos de gloria del peronismo. Siempre supe que me había perdido algo importante.

A los veintidós años me fui a vivir a la Patagonia, y en aquella época era como desenchufarse del mundo (no existía ni la televisión por cable y los diarios llegaban casi al anochecer, cuando llegaban). El primer presidente peronista que pude seguir de cerca fue Carlos Saúl I de Anillaco y no hizo otra cosa más que alejarme de lo que ellos mismos llamaban “un sentimiento”.
Cuando asumió Néstor Kirchner, tuve una ráfaga de entusiasmo con sus primeras medidas de gobierno, porque parecía un socialista. Pero al poco tiempo encolumnó a la CGT, negoció con lo peor de la política bonaerense, y dejó intactos muchos nichos de poder económico que le resultaban funcionales. “Y claro – me dije – es un peronista”. De hecho, ni siquiera la voté a Cristina porque me resultaba una incógnita indescifrable. Hasta que llegó el enfrentamiento con los terratenientes. En esa instancia jamás dudé de qué lado estaba, a pesar de haber visto a verdaderos chacareros en las rutas. Tiempo después ellos mismos confesaron el modo en que habían sido traicionados por la Sociedad Rural y por su propia conducción.
Después vinieron la jubilación para todos, la asignación universal por hijo, el fútbol para todos, el seis por ciento del PBI para educación, los millones de netbooks gratis para los chicos, el matrimonio igualitario, la reducción drástica de la deuda (incluyendo quitas de hasta el 70% en el pago)… y mil etcéteras más. Y yo ahí, paradito en la misma vereda de aquellos a quienes nunca había entendido del todo.


Y se murió Néstor. Ayer.


Hace un año casi vivo en el conurbano bonaerense. Del lado pobre. Trabajo en una Universidad con miles de pibes pobres. Y desde ayer, sólo se percibe tristeza. De la profunda, de la sincera, como la de Evita que vi en los documentales.
Ayer también fui a la Plaza y vi lo mismo. Hombres, mujeres y chicos del color de la tierra llorando quietamente. La sorpresa quizás, es que eran minoría. Una significativa mayoría eran clase media y jóvenes en particular. La Facultad de Sociales de Lomas, del Decano para abajo (o mejor dicho para el costado), con los ojos rojos.

Por primera vez sentí que yo pertenecía a ese lugar.


A ese tipo al cual le desconfié, tuve que reconocerle que hizo lo posible y que lo hizo maravillosamente bien. Que de sólo pensar el estrago del que se hizo cargo y lo que logró en cuatro años, parece ciencia ficción. Pero por sobre todas las cosas, le tengo que agradecer que me devolvió la Política.
Veo algunos amigos, que no pertenecen a ninguna elite, tan desenfocados como lo estuve yo en los ´90 y no hallo el modo de transmitirles todo esto.


Y ese tipo, con su muerte, parece estar diciendo “Secate los mocos, ahora te toca a vos”.





Pini Raffaele, 28 de octubre de 2010

domingo, octubre 17

A la vida de Vera...

Es mi primera vez, por lo tanto no voy a despotricar contra estos rituales que inventa la humanidad, quien sabe con qué objetivo, ni con qué intención que no sea por lo pronto hacer del camino de nuestra especie un periplo circular. No voy siquiera a reflexionar sobre la hostilidad que impone un festejo del que muchos no pueden formar parte. Mujeres deseosas de ser madres sin posibilidad. Hijos con madres ausentes y, otros tantos, con sentencias de madres que serían mejor olvidar.

Voy a dejarme arrastrar… y en medio de esa travesía no me atrevo a decir que sea la experiencia más maravillosa de la vida, no me convence ese enunciado para apenas intentar describir los misterios que rondan la maternidad.

Por lo pronto no es una condición que se cumpla sin excepciones. Es, en tal caso, el resultado de un deseo, de una posibilidad; de un imaginario que le da sentido.

El mundo está atestado de maravillas y miserias, claro, y cada una de ellas cobra supremacía en su momento vivido. De no haber sido madre me hubiera asegurado de cualquier modo el tránsito por las experiencias más bellas. Muchas, de las que por fortuna me han tocado vivir, fueron inconmensurables, radiantes, sublimes y sigo sumando de ellas.

Tal vez se acomoda mejor en mí decir que es una experiencia extraordinaria, con toda la rigurosidad de su definición, que está por fuera de lo usual, de aquello que podría ser más o menos fácil de anticipar.

Si una logra salirse del deseo propio y piensa concienzudamente todo lo que supone el hecho de generar una vida sin consentimiento cae en la cuenta que debería ser una de las decisiones más temibles. Y para mí de hecho lo fue…, lo es.

Sin dudas la felicidad se instala allí pero mucho más que eso, o mejor aún, sin perderle pisada, está atravesada la responsabilidad de lo que implica. Y no aludo a la responsabilidad del cuidado, del sustento, y demás menesteres que casi diría, cuando hubo acuerdo, es un trabajo sencillo de organizar. Me refiero a la disciplinada tarea que supone instalarla en el mundo. Y que ese mundo esté, cada vez, hora por hora, más alejado de mí. Y no porque yo no me sienta una buena opción para acompañarla sino porque creo que ése sería mi mayor acierto. Mostrarle los beneficios de la autonomía.

Que haga de la libertad una estrategia ha dicho alguien alguna vez, sin la mirada de los otros, sin mandatos enquistados en su piel. Sin la mínima certidumbre de lo que yo hubiera querido para su vida, más que, en todo caso, el deseo profundo, desprovisto de ambiciones, de que su historia  sea, cada vez, un relato construido, en mayor medida o exclusivamente, por ella.

Sin dudas me hace feliz su presencia pero el anhelo más sofisticado, si cabe la definición, es que ella lo sea y no en función de mi existencia, sino de la suya, de su propia vida. Tan sólo pretendo que no  me arrastre. Que vea en mí, sin más, una posibilidad entre las infinitas que le servirán de muestra. 

Y es en ese sentido que hago un esfuerzo cotidiano para que Vera no se convierta en “mi vida” (completa, digo). Mi hija integra una dimensión, y a pesar de su pequeñez su figura va cobrando tanto más sentido con cada logro propio que la va desanudando de mí. Con toda honestidad podría afirmar que no me satisface plenamente su inevitable estado de dependencia. Estado que te impone una dura pelea con ese costado narcisista que te hace creer capaz de todo. Un poder ficticio que quién sabe cómo se traduce ante sus ojos.

Quiero que me ame, claro, pero también que me “abandone”. No quiero ser su matriz, preferiría ser una guía de viajes encantada de mostrarle los paisajes más bellos para mí, pero también estar dispuesta a dibujarle mundos distintos aunque yo los considere menos atractivos. Tal vez, justamente allí ella encuentre su sitio.

Y cuanta más conciencia de mí  tenga, y menos dependencia, quisiera que aún me eligiera, por supuesto, pero no por inevitabilidad o por el excluyente vínculo que nos tocó en suerte sino por haber podido ver en mí el cumplimiento de mis intereses, la búsqueda frenética de placeres elegidos y por la osadía permanente de atender a mis pasiones.

No tendrá de mí una madre abnegada, ni resignada a perder nada que sea propio en su nombre. Pelearé contra ello mientras pueda. No habrá una sola frustración, si aconteciera, de la que ella fuera responsable y menos aún será depositaria de deseos y elecciones inventadas, a través de mi convencimiento, por  incapacidad de haberlas hecho propias.

Vera no es alivio de tristezas, no es destierro de estados posibles de soledad; no fue pensada desde la falta ni desde ideales de realización. No es el reflejo de mis intereses, ni de mis reglas, ni de mis condiciones, ni de nada que, por pertenecerme a mí, sea por definición ella. Vera fue pensada con la distancia suficiente para saberla Vera y su historia, que irá trazando con los contornos y matices que emerjan de su mirada del mundo.

Que cuanto más camino ande y desande se eche menos vuelta hacia atrás. Que no espere mi aprobación en cada intento. Que la única ley que la gobierne sea la osadía y que no haya búsqueda íntima, deseo genuino, anhelo latente, del que se vea obligada a renunciar. Por ningún motivo, ni por nada ni por nadie…

Y sí, ni falta hace que me lo digan, ya sé que nada de esto va a salir bien. Que como ha pensado Freud, probablemente, como toda mujer, y pese a ella, dialogue conmigo el resto de su vida. Que sus deseos se construirán a costa de los vestigios de los míos. Que su sensibilidad se cubrirá de una piel entramada en parte con mis manos. Pero si a pesar de mis intenciones veré cada acto frustrarse en la batalla de saberla libre, si a pesar de mi tozudez tuviera que renunciar a mis intentos, si lo inevitable implica que ella sea en buena parte lo que haremos de ella, entonces mi esperanza dependerá de una sola condición. Que no sea de mí de quién sostenga su mundo, que no sea yo quien le ilumine distancias,  que elija siempre la mirada de su padre, porque tendrá allí una muestra más bella y mejor diseñada de la vida, una muestra sustancialmente más franca y definitivamente más sana que lo que yo pueda ofrecerle como madre. A mí, apenas si me da el cuerpo para entender el amor que siento por ella y tal vez me lleve toda la vida desentrañarlo.

Ahora, si inevitablemente tuviera que decir lo que imagino para Vera, para su vida sucesiva, sólo sé que mucho más que una princesita de historias, la prefiero, decididamente, maestra mayor de obras…


A Pini, mi amor, por la valentía de atreverse a Vera…

Por Sol Guerrero

sábado, octubre 16

"La sensación"

Por Sol Guerrero

No se trata de negar la inseguridad en el sentido de no reconocerlo como un fenómeno social que ha ido mutando en la Argentina como en cualquier parte del mundo. De lo que se trata, creo, es de ajustar su análisis a la realidad despojándolo en la medida de lo posible del imaginario que lo sostiene y viendo su trasfondo.



Ya se sabe que el miedo es irracional y por lo tanto instalar la inseguridad en forma indiscriminada, o negarla, da igual en ese sentido. La acción de los medios que buscan instalar los hechos concretos con una carga exagerada de sensación (como son las repeticiones desmesuradas de un mismo hecho), así como cierta postura “nuestra” de intentar explicar que no existe tal fenómeno, instala la inseguridad como tema de agenda cotidiano.

Ahora bien. Entiendo que aún así la cuestión central no pasa por si la “sensación” se fortalece o debilita según cuál sea la acción. Cuando digo sensación digo si los hechos concretos de robo, violencia y en casos extremos asesinato, se derivan o no hacia una situación de amenaza. Lo que creo central es comprender y/o analizar, no el efecto en sí sino esa sensación como resultado de algo que está en su origen y que se pone de manifiesto sin filtro aprovechando que la “ola de inseguridad” es el gran tema de los medios. Digo. Los robos, las violaciones, los secuestros, la violencia, los asesinatos son la “excusa” perfecta para dejar traslucir –“legítimamente”- un profundo sentimiento reaccionario, sectario, discriminatorio que “estaría permitido” dada la amenaza permanente que la sociedad sufre.


No es casual que el problema de la seguridad/inseguridad, para un gran porcentaje de la población, (sobre todo de clase media) no haya sido un tema, ni una sensación generalizada en la época de la dictadura. Por un lado porque los medios no reflejaban lo que sucedía en la calle pero mucho más aún porque los afectados por la inseguridad pertenecían a un sector de la población que finalmente merecía ser reprimida. La misma clase media, y alta hoy, más allá de la amenaza de inseguridad real lo que ve posibilitada es la oportunidad de expresar su odio hacia determinados sectores de la sociedad. La inseguridad habilita el fascismo digamos… habilita la discriminación y la estigmatización de un grupo social específico.


Entonces lo preocupante de la “sensación” que alimentan los medios, sin hablar del fin político que conlleva, no es tanto si la realidad se ajusta o no a esa sensación sino que despierta, dándole cierta legitimidad, los sentimientos de odio y los íntimos deseos de deshacerse de ciertos sectores que cumplen con determinadas características a saber: los pobres, los morochos, los jóvenes (sobre todo de sectores carecientes), los paraguayos, bolivianos y demás, los que viven en villas miserias, los limpia vidrios, los cartoneros, los adictos etc, etc, etc. Y de paso a todos los zurdos que acuerdan con políticas “garantistas”, entonces también, las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas, los piqueteros, los sindicalistas, quienes participan en política, los vagos que cobran un plan…(plan descansar le dicen…) las mujeres que ahora deciden tener más hijos para recibir la Asignación Universal por hijo… los que van a las marchas por el choripán y la coca, entre otros. Los jóvenes que toman escuelas y así… todos estos son motivo de inseguridad finalmente sin ningún motivo sólo porque es constitutivo de la ideología de cierto sector social que hoy ve posibilitada su oportunidad de decir sin cuidado y sin filtro que hay que “matarlos” o –matarlos- a todos.


Este, a mi parecer, es el problema de la sensación y no la sensación. Esto es lo que los medios tienen como objetivo íntimo y perverso. Lo que sucede hoy con la inseguridad sucedió en forma mucho más preocupante en otras épocas pero la sensación no se instaló… Creo que no es casualidad. Cuando el otro porque sí es amenazante no es el otro, es la idea que tengo del otro. Y es esa idea la que se expresa aprovechando la oleada.




miércoles, septiembre 8

Que quede constancia….

Por Sol Guerrero

Ayer, en una reunión laboral, escuché decir... "la Argentina tiene serios problemas de memoria". A veces pareciera cierto y otras no tanto. Hubo acciones de lucha y reclamos de castigo que reivindican a nuestra sociedad. La historia, y no otra cosa, lo confirma.

La memoria de un pueblo es una práctica social que las generaciones van construyendo y que, a su vez, va definiendo su identidad.

Pero también en toda sociedad aparece la tentación de caer en lugares comunes, frases hechas que nos representa y que, en su sentido, excluye la memoria. No debe haber expresión más reaccionaria que "Hay que mirar para adelante..." (Sobre todo cuando todo ese enunciado culmina con un punto). No sería lo mismo continuar diciendo “…y para ello es necesario revisar el pasado porque todo pasado define y redefine el futuro..." o algo parecido que, esencialmente, no niegue la historia, que dicho sea de paso, siempre es pasado.

No es menos cierto que la historia tradicional al menos, está relatada a través de grandes acontecimientos, de sucesos que se conformaron en hitos, algunos para conmemorar y otros para, justamente como ejercicio de la memoria, repudiar, con la ilusión de no reproducir "nunca más".

Ahora bien. Hay una vida cotidiana en todo país que se yergue sobre acciones políticas permanentes. Decisiones que, como un entramado, van permitiendo que la vida social tenga continuidad y cierta previsión. Un gobierno bienintencionado aspira a eso que llamamos un proyecto de país que haga de las relaciones sociales, de las medidas económicas, de la gestión política, instrumentos dispuestos a mejorar la calidad de vida de una sociedad. Por supuesto, con los vaivenes que todo gobierno debe enfrentar y que, negociaciones mediante, va ejerciendo.

Estas acciones políticas son de tan variada importancia, necesidad y cantidad que se van sucediendo sin que una sociedad pueda tomar nota de cada una de ellas. Lo que finalmente decanta, se hace visible, es una imagen general de lo que representa ideológicamente el sector político que en cada momento histórico se hace cargo de la gestión de un país.

Pues bien. Ante estos días que transcurren habrá que tomar nota, afinar la memoria y subrayar toda letra que inscriba, en la historia presente, las acciones políticas que la oposición está encausando. Siempre y cuando, claro, como sociedad, estemos de acuerdo en pretender un país más justo. Pero honestamente y concienzudamente más justo para cada uno de nosotros como individualidad pero más aún para cada uno de nosotros, como parte de los otros, como comunidad.

Será necesario tener en cuenta entonces…

Que la oposición viene promoviendo acciones sin objetivos políticos comunes, con el sólo fin de debilitar a un gobierno que pretende, como es de suponer, “imponer” un modelo de país que en principio no se subsume religiosamente a los intereses de las grandes corporaciones mediáticas, económicas, empresariales, políticas, entre otros.

Que la oposición ha votado en más de una oportunidad en contra de medidas que desde su concepción viabilizan cierta movilidad social, orientan la vida hacia una concepción más justa y equilibrada de la distribución de la riqueza y el fortalecimiento del Estado otrora devastado por modelos antipopulares. (AFJP, retenciones, Asignación Universal por Hijo, jubilaciones móviles, limitaciones a la exportación, uso de reservas para aliviar intereses, ley de medios, estatización de Aerolíneas Argentinas, entre otros).

Que la oposición hoy, instala una escenografía política que supone la lucha por la ley en favor de los pasivos para otorgarles el 82% móvil de jubilación. Está claro que no es un gesto repentino de conciencia, ni de amor por los mayores, ni de justicia social, ni de igualdad, ni nada parecido… Que sólo se trata de una maniobra política a sabiendas de la imposibilidad de su implementación. ¿Será necesario explicar a esta altura el miserable manejo maniqueísta al que se suman todos los integrantes de la nefasta e irresponsable oposición Kirchnerista?

¿Para qué? Habrá que decirlo una vez más…

Para empujar al gobierno a verse obligado a vetar la ley y eso suponga un fuerte costo político para la Presidenta Cristina Fernández, ni más ni menos.

No hay posibilidad de error en esta lectura, no hay miradas subjetivas, ni puntos de vista, ni concepciones ideológicas que la sostenga. El relativismo político tiene límites también. Los fundamentos que la oposición declara como fuentes de financiamiento carecen de tanta seriedad que les faltaría decir que, además, el dinero puede salir de las muertes que se producen por año en accidentes de tránsito en tanto pueda retenerse un porcentaje que las aseguradoras pagan de indemnización. Ridículo. Ninguna de las supuestas fuentes de financiamiento propuestas podría garantizar el pago permanente del 82% móvil.

Entonces que quede constancia…

Que buena parte de la oposición votó en contra de la estatización de las AFJP, situación que permite hoy que se pueda discutir sobre el 82% móvil. De lo contrario estas empresas seguirían “administrando”, por lo tanto especulando, con los ahorros de los jubilados. Está claro qué pretendía la oposición en su momento protegiendo a las AFJP

Que gran parte de la oposición votó en contra de las jubilaciones móviles. Nada sería posible, ni siquiera los aumentos automáticos que los jubilados vienen teniendo y que alcanza a más de un 500% desde la gestión de este gobierno y el anterior. No hace falta decir que boicotearon una progresiva mejor calidad de vida de los jubilados.

Que la oposición pretende que se aprueba la ley del 82% móvil a sabiendas de que el Estado en pocos meses podría desfinanciarse provocando un default. Si así fuera queda claro quienes serían los responsables.

Que la oposición sabiendo que es imposible llevar adelante el pago del 82% móvil sigue adelante sólo para debilitar al actual gobierno. Mientras tanto hace uso de la demagogia, se burla de los viejos, crea falsas ilusiones cuando en verdad nada les importa. Queda claro también quienes están jugando con las expectativas de este importante sector de la sociedad.

Que si no se aprobara la Ley o la Presidenta decidiera vetarla, la oposición, cualquiera de los sectores, si ganara las elecciones en 2011, tendrá su oportunidad y se ocupará obviamente de promulgar como primera ley en la gestión el 82% móvil para todos los jubilados del país. Es la sociedad la que deberá estar atenta a que ello suceda…

Nada sería más beneficioso para este gobierno que poder aprobar esta Ley, aunque más no fuera por demagogia o para tener rédito político.

¿Será que la oposición además de endilgarnos la pérdida de memoria nos ven como retrógrados ciudadanos capaces de creer en semejante maniobra política?
¿Será que está especulando con la desmemoria a corto plazo que suelen padecer los ancianos?

Cualquiera sea la intención permítaseme decir que la memoria, a veces, se defiende y se reaviva ante tantas intenciones de menospreciarla…

Tómese nota entonces… para no lamentarnos en el futuro de nuestros olvidos arruinando así un proyecto de país que el gobierno, con todas sus contradicciones, viene promoviendo para cambiar la historia de los Argentinos.

“Este gobierno podría ser mejor”. Sí, siempre puede ser mejor, pero las verdades de Perogrullo aburren… A cambio de eso que quede constancia que no parece haber nadie dentro de la oposición que esté dando gestos para superarlo… Excepto, claro, que estemos tan envejecidos que, a corto plazo, la memoria pueda jugarnos una mala pasada… Habrá que ver…

Sol Guerrero

martes, septiembre 7

El último gesto.

Autores varios

Se llega caminando por el segundo subsuelo, se toma un pasillo que atraviesa la manzana, se topa con el fondo, y justo ahí, donde termina, está la puerta que dice: Área Expedientes.

El jefe del área, Jesús Altavista, daría la noticia a las 12. 30 hs...

-¿Están todos?- preguntó.

-No, patrón, falta el Eulalio-, dijo Juancho, bautizado por sus compañeros como el alcahuete.

-¿Y dónde está el Eulalio, Gutiérrez?- le preguntó Altavista...

Juancho Gutiérrez estaba a punto de mandarlo al frente, pero Tito, la hormiga laburante como le decían, lo interrumpió.

-Me pareció escucharlo adelante preguntando por el baño, no sé...- y al oído le susurró a Juancho: -Frente al patrón y en estos momentos nos tenemos que cuidar todos, porque cualquiera puede salir mal de esta, así que guardate para después las cosas que tenés con el Eulalio-

Altavista encendió un cigarrillo, se paró frente a la mesa principal del lugar, apoyó sus manos a cierta distancia y se inclinó hacia adelante.

-Lo esperamos entonces...-

Los compañeros, algunos, sabían en qué andaba Eulalio y por un lado se alegraban pero por otro tenían temor que el patrón se enterara. Todos sabían lo que sucedía en el sótano, en el archivo, rodeados de expedientes y telas de arañas, entre la Rosita (la hija adorada del patrón) y el Eulalio.

Jesús Altavista estaba nervioso, de otro modo no hubiera encendido un cigarrillo frente a los empleados. Se cuidaba bien de cumplir las reglas y hacer buena letra con el supervisor.

Con el pelo revuelto y la camisa desabrochada tambaleándose entró Eulalio a la reunión. Ninguno pudo contener la risa cuando vieron la cara que puso al encontrarse con la mirada de Altavista. "Este es mi fin”, pensó. Y en el salón se escucha la voz elevada de Altavista diciendo…

-¿De qué se ríen todos ustedes? Ordeno que alguien me dé una explicación ¡ya!-.

El silencio fue definitivo, aún cuando Eulalio no era portador de la simpatía de todos. Sin embargo, entre los compañeros de trabajo, hay una ley que no se viola..., la solidaridad ante la patronal.

Altavista, ante la reacción, supo que sería en vano insistir. Enderezó su espalda,  y siguió...

-Bueno, esta reunión muchachos es para contarles el estado de situación. En virtud de la Ley Laboral Nº 11502, por un lado,esta empresa ha decidido hacer reducción de personal y por otro que algunos de uds. ascenderán en el cargo. Por ejemplo, Eulalio pasará a ocupar mi lugar.... yo ya no puedo seguir.

A partir de allí sólo se escucharon gritos y discusiones, empujones entre unos y otros.

Ante el desconcierto y la furia de todos se la vio a Rosita bajar por la escalera con un andar inquietante.

-Bastaaaaaaa!- dijo en un solo grito. -Eulalio va a ocupar el lugar de Jesús, mi padre, por decisión mía y no se van a aceptar cuestionamientos-.

Juancho sintió que era momento de delatarlo. Se sabía un poco cobarde para enfrentar a los compañeros y un poco bruto para entenderse con los de arriba pero la situación era insostenible. No podía permitir que premiaran a Eulalio, a ese mal nacido que le juega a todos por atrás.

Juancho corrió hasta estar frente a frente de Altavista. En vano fue que lo intentaran frenar.

-¡Patrón! No puede el Eulalio ser su reemplazo-

-¿Por qué Gutiérrez?- preguntó Altavista.

-Es que él...él....con la Rosita...con su hija patrón...-

Altavista se estaba poniendo rojo de furia. Mientras escuchaba a Gutiérrez miraba a Eulalio y a Rosita.

-Siga...qué pasa con mi hija, dígalo de una vez!-

-Bueno... no me va a decir que no sabe que el Eulalio y la Rosita…, ya vio.

-¿Qué vi?- lo interrumpió Altavista.

Juancho gesticulaba pero no terminaba de completar ninguna palabra coherente.

-No tengo todo el día Gutiérrez. Si no va a decir algo sensato, por favor no moleste-

-Espere patrón, lo que le quiero decir es que abra los ojos!-

-Gutiérrez… los tengo abiertos, ¿qué pasa?

-Es que su hija y el Eulalio son… ¡sus traidores!-

-¿Mis traidores? qué está diciendo Gutiérrez. No se le estará cruzando por esa mente acotada que usted tiene, que Eulalio flirtea a la Rosita ¿no? Mire, voy a dejarlo pasar si así fuera porque será por despecho que usted lo hace pero para que le quede claro voy a decirle que mi Rosita está muy comprometida con un poderoso empresario al que seguramente en poco tiempo voy a conocer y con el que se va a casar... ¿le queda claro?-

Todos se miraron... Gutiérrez a Eulalio, Eulalio a Rosita, Rosita a su padre. Los ojos rebotaban las paredes. Eulalio enrojecido, impertérrito, se secaba las manos en el overol tratando de entender la situación. Mientras Rosita ya no podía levantar la vista y su cuerpo parecía entregado.

Eulalio tomó impulso, se fue acercando quedando a centímetros de Altavista, inclinó su torso y dirigiéndose a su oído derecho dijo unas palabras a Altavista de las que sólo trascendieron sonidos indescifrables…

Altavista ni se inmutó, lo alejó a Eulalio tomándolo de los hombros, miró a todos y dio la noticia.

Por decisión de Eulalio, que acaba de renunciar, quién ocupará el cargo será Tito.

Eulalio miró a Tito, con una media sonrisa fue retirando todo su cuerpo del lugar. Casi llegando a la puerta se lo vio meter la mano en el bolsillo de atrás del pantalón. Nadie sabe con seguridad si en ese último gesto se pasó el pañuelo por la frente como siempre, o dejó estampada unas lágrimas antes de salir.

Rosita corrió hacia la puerta, la cerró con llave, tomó el pañuelo del piso y lo guardó en su seno.

Escribieron esta historia: Catalina González, Marina Corradini, Sol Guerrero, Graciela Fernández, María Victoria Hermosilla

lunes, agosto 23

Nada de ti.

Autores varios


Era una tarde apacible. Esteban, con un andar abatido, salió a la galería de la casa, se sentó, abrió el sobre y se dispuso a leer. Dos horas antes Ana había dejado sobre sus manos aquel poema…

“No hay susurro de mi piel que renuncie a tus manos.
Hay alba por noche, eclipses por labios y nada de ti…”

No pudo seguir, los ojos se le llenaron de lágrimas, las manos le temblaban. Dejó caer el papel al piso, se reclinó sobre el respaldo del sillón de mimbre y cerró los ojos.

Una lágrima le comenzó a correr por su mejilla. Justo él, que nunca había llorado. Justo él que se jactaba de ser tan hombre. Sintió un fuerte dolor en el pecho. Angustia, tal vez.

No recordaba haber estado tan triste, no tenía registro de tanto sufrimiento pero como "macho" que decía ser tenía que enfrentar esto, tenía que seguir leyendo.

El uso mental, involuntario del verbo en pasado lo aturdió. Notó con repentina alarma que se estaba acostumbrando. El "era" macho. Había sido. Ya no lo era.

Recordó esa fatídica noche, la que había bautizado "noche del escorpión"

Esa noche que lo marcó para toda la vida, esa noche que quedó sepultada en sus secretos más profundos.

“Latidos del pasado que anuncian tus párpados hirientes.
Hay lodo por mares, ocaso por luz y algo de tí...” Continuó leyendo Esteban, de soslayo.

Se vio obligado a recordar, a hundirse en ella. Recordar su piel, su perfume, su voz

¿Cuánto tiempo había pasado? Para el recuerdo y los sentidos nada... todo está intacto.

Con esa extraña continuidad que tienen los pensamientos volvió sobre la imagen de Ana dejando el sobre en sus manos.

-¿No te atreves a leerlo Esteban? ¿Quieres que yo continúe?- Preguntó Ana.

Esteban le pidió que le diera unos minutos. Sus huesos, dijo, y su alma, pensó Ana, necesitaban tomar un descanso. Se dirigió y volvió de la habitación, las piernas le temblaban cada vez más y el dolor del pecho era cada vez más fuerte.

Esteban no podía entender por qué Ana había guardado ese sobre tanto tiempo, ni cómo llegó a sus manos ¿Por qué esperó tantos años? ¿Por qué dejarse engañar? No tuvo la valentía de preguntárselo

Levantó la vista; la figura de Ana se recortaba a contraluz, de espaldas contra la ventana. Desplegó la hoja de papel y leyó el escrito que precedía al poema: “Te volvería a elegir, sin embargo me lo cuestiono cada día…

Me cuestiono el por qué es tan finito el puente entre el amor y el odio, que corto es el camino entre la alegría y la tristeza, entre el placer y el dolor, entre el día y la noche.

Sin embargo no imagino otro rostro, otra voz, otra cuerpo que se recueste a mi lado, otras manos que me recorran....no imagino....

Otra persona que me haga sentir fuego en mi cuerpo y en mi alma, que me lleve a las estrellas. Que me despierte los deseos más secretos de mi ser…

Es tan finito y tenue el puente entre el amor y el odio.... ese que muchas veces irrita mis sentidos, que ama tus manos pero al mismo tiempo no las soporta”.

-¿Y entonces Ana? No entiendo. ¿Por qué decidiste terminar nuestra relación aquella fatídica noche? Si bastaba con que me contaras de tu decisión de irte a vivir a Australia. Yo te hubiera seguido, lo sé.

-Eso no hubiera terminado bien... ... No hay amor que perdure cuando el país de uno se convierte en herida. Vos amabas, amás, este país. No lo hubieras soportado... De hecho nunca más me buscaste. Ana giró lentamente su cuerpo. La luz de la ventana envolvía su figura. Clavó sus ojos en los de Esteban y susurró... –Pero veo que seguís sin entender, de eso se trata, nunca te lo dije, de eso se trata... no quería que me siguieras a Australlia

Esteban comenzó a sentir que esa angustia que sentía en su pecho se había empezado a transformar en hostilidad hacia Ana... Su mirada destellaba odio, las manos se habían puesto rígidas de bronca. Empezó a sentir que sus instintos ya eran irrefrenables.

Esteban siempre había sido inestable. Siempre había sentido que su única emoción clara, inequívoca, era eso que sentía hacia Ana ¿Pero Ana había correspondido, había sabido valorarlo? ¿El estuvo sufriendo como un cerdo, como un estúpido, y ella se daba el lujo de interpretarlo? Había supuesto que él preferiría su país a ella y ¿había obrado en consecuencia? ¿Qué se creía que era? El no era un chico.

Apretó con fuerza el respaldo de la silla donde Ana se había sentado, y donde seguía hablando. Pero él ya no la escuchaba. Le latía la cabeza. -Que se calle esta mujer. Por Dios. Que se calle-.

Apretó más la silla. Los nudillos se le pusieron blancos.

De pronto, sin pensarlo, sus manos actuaron, partieron del respaldo hacia el cuello de Ana. Como en una película las vio apretar hasta que algo chasqueó, algo se rompió. Asustado, dio un paso atrás mientras Ana se derrumbaba de costado.

El sonido de las sirenas llegaba de todos lados, bomberos y policías se acercaban a la casa. Don Ricardo hablaba atolondradamente con el comisario. Nadie respondía al timbre ni los golpes en la puerta. Los bomberos con sus barretas y mazas derribaron la entrada. Un olor nauseabundo venía de la galería. El cuerpo de una mujer en el piso, las moscas revoloteando, y un poco más allá un hombre sentado en un sillón de mimbre balanceándose ininterrumpidamente con la mirada perdida, susurrando…..

"Hay alba por noche, eclipses por labios y nada de tí ..."

Esta historia fue escrita por: Sol Guerrero, Graciela Frnández, Catalina González, María Inés Ferrero,Irene Guitian.

domingo, agosto 22

Mala Suerte

Autores varios

Hoy voy a planificar un día distinto. Lo voy a llamar a Juanma a ver si acepta mi propuesta. Estoy harta de esta rutina, basta de papeles. Hoy no habrá casos, sellos ni expedientes

Era temprano pero Juanma ya debía estar en la oficina así que lo llamé insistentemente, nadie atendía, debían estar desayunando... "¡Qué costumbre! y si en lugar de ser yo se tratara de algo importante… ¿Por qué no atienden?"

Me voy de compras si no puedo hablar con Juanma. Pero como no quería abandonar el plan inicial traté de ubicarlo llamando al celular... sin duda no era mi mañana más afortunada.

-Hola Juanma... ¡por fin! ¿Dónde estás?

-Hola Matu, desayunando.

-Me imaginé... tengo una propuesta para vos. ¿No te gustaría que hagamos algo distinto hoy? No trabajemos, dale. No me digas que ya estás trabajando, eso suelo escucharlo.

-Es que así es, no puedo y sí, estoy trabajando...

-¿Y si mi propuesta es más motivante? Dale, animate alguna vez a sentir el vértigo, la sorpresa, el entusiasmo. Dale salí y vení.

-(sí, sí... entiendo... el caso del pelado... claro.. No, no, yo no voy a ir, lo tengo decidido).

- ¿Podrás cubrirme con el jefe? Pero no me enfermes, decí otra cosa, a ver si me mandan médico (…) Claro que lo voy a pasar bien, vos te lo perdés...ja, ja. Chau, besito

Hermosa mañana de sol, a disfrutar! Juanma no. Entonces habrá que poner en marcha un plan B

Podría aprovechar, ya que me las tengo que ingeniar sola para hacer lo que siempre quise y nunca me animé... ahí está... finalmente, ¿quién necesita a Juan para pasarla bien...? yo no. Comencé a prepararme, una buena ducha, nada de noticias en la radio, sólo música. Mientras escuchaba y tarareaba Black Bird sonó el teléfono. Lo dejé en el living, no voy a atender, cuando salga de la ducha veo quién llamó. No creo que sea Juan.

Caminé sin prisa hacia el baño, había decidido que ese día iba a ser distinto. Me quite la ropa, abrí el grifo de la ducha y me quede un largo rato disfrutando del agua tibia que recorría mi cuerpo. El teléfono volvía a sonar.

No, no, no, no pienso atender el teléfono hoy es un día distinto, relax, disfrute, nada de preocupaciones. Creo que lo mejor que puedo hacer para comenzar este día es reservar con la masajista, sí, hace mucho que no voy.

Después de ahí veo... cine, teatro, alguna feria, música... veremos lo que se presenta.

Llamada de Juanma, seguro se arrepintió pero ahora ya organicé un día sola... voy a dejar el celular en casa. Hoy me niego a que este aparato me controle...

Lista para disfrutar mi día, voy por ese masaje que me relaja hasta el espíritu. Camino a la masajista veo en la calle una publicidad de una feria de moda, diseñadores independientes... Buenísimo, ya sé por dónde seguir.

Bueno, no será un Spa pero lo de Yamila no está nada mal, tiene excelentes manos y si bien la decoración es un tanto kirsch, la luz tenue, el aroma de los aceites y los tenues sonidos hindúes permiten la relajación..., sólo hay que entregarse.

Ahora sí. Relajadita y dispuesta a seguir dándome sorpresas. Me tendría que alejar de acá, demasiado cerca de la oficina. No estaría mal un licuado en algún lugar con vista al río y después a comprar algo de música, sí... ¿pero... ese es Juanma? uhhh, ¿qué hago?

Hago que no lo vi...! ¿Y si se da cuenta? ¡Quién entiende a los hombres! Yo no. Primero me dijo que no y ahora me arruina todo apareciéndose acá! ¿Estará yendo para mi casa porque no atendí su llamado?... Se arrepintió el tonto, seguro. Pero no, ya es tarde…! Él por su lado y yo por el mío.

Traté de alejarme, de seguir con mi tranquilo Plan B pero no podía dejar de pensar en todo lo que apasionadamente había imaginado... Sin mucha conciencia volví sobre mis pasos y crucé la calle…

Otra vez Juanma. Nooo, si está claro que hoy mi día tenía que ser con él y yo lo presentí, pero él no entendió nada y sencillamente se lo perdió. Igual podría interceptarlo para ver su carita rogándome que acepte su arrepentimiento.

Sea como fuere no puedo negar cuánto me gusta. Un amor libre como el nuestro no suele darse tan fácilmente. No hay secretos entre nosotros y nuestro modo de estar carece de vericuetos, de mezquindades. Tener a alguien con quien poder apasionarse y al mismo tiempo compartir cierta mirada del mundo es encantador. Será por eso que los años pasan y nosotros ahí, siempre buscándonos. Lo único que nos distancia es cierta obsesión que él tiene por el trabajo. A mí también me gusta, es cierto, pero cada tanto me entusiasma romper con la rutina que implica y no tener planes previstos… ir haciendo lo que el día ofrece.

Lo voy a alcanzar, sí, lo voy a sorprender… quiero ver su carita de alegría, quiero verlo juntando sus manos frente al rostro pidiéndome disculpas, sonriendo con los ojos, tratando de convencerme de mil maneras que lo sume a mi día libre.

-Holaaaa! Mi bombón! ¿Dónde iba usted? ¿Acaso yendo desesperado a buscarme, arrepentido?

-Matuuu, pará, sacá las manos…

-Epa! Juanma, ¿qué pasa?

-Pasa que Barrientos preguntó por vos y no supe qué inventarle. Hoy era fecha límite para entregar un trabajo y como vos no fuiste se perdió…

-Ahhh, el trabajo de YPF, es cierto…, me olvidé, y bueno, pero lo terminó él supongo… ¿o no?

-No. Lo canceló.

-¿Lo canceló? Pero era mucha plata… No entiendo… ¿y qué dijo? Me habrá insultado de arriba a abajo ¿no?

-Sí… dijo que no va a perder más plata por tu culpa…

-jaja! Qué idiota… y qué, ¿me va a mandar al sector cuentas de castigo? Sabés qué Juanma, no me importa… No cambio eso por el día que decidí regalarme hoy… la vida pasa por otro lado Juanma. Si tengo que pagarlo yendo al sector cuentas y bueno, ahí trabajaré pensando en otros días como este que por cierto todavía no terminó.

-Matu…, Barrientos te echó!

-Y además no está mal porque ahí están todos los compañeros que por una u otra razón han desafiado esta costumbre de considerar el trabajo como un sacerdocio. El trabajo es un medio de vida, no más que eso. Así que me voy a divertir con los chicos…

-Matu… ¿me estás escuchando? Te echó, TE-E-CHÓ… por eso salí desesperado a buscarte…

-¿Qué? ¿Me echó? ¿Cómo me echó? ¿Qué me estás diciendo Juanma? Vos entendiste mal… no puede ser…

-Sí Matu, puede ser… Estaba enfurecido!

-Pero…, no. Debe ser una reacción del momento. Ya sabés cómo es. Pega dos gritos, insulta indiscriminadamente y se le pasa… hay que dejar que pasen los días. Mañana lo miro como le gusta y ya está. Además no es para tanto. Él podría haber terminado el laburo. Si no lo hizo fue porque no quiso. Siempre respondo con todo. Cada trabajo que me toca cuando tiene que estar terminado, está terminado. Por una escapada como la de hoy no puede reaccionar así. ¿Y si me hubiera enfermado? ¿Y si hubiera tenido un accidente? No pasa nada, se enojó pero se le va a pasar. ¿Sabés lo que pasa? Él no tiene vida más allá de la oficina, entonces no puede entender que la gente tenga más de un interés en la vida. Él vive para el laburo y prefiere taparse de trabajo antes que volver a su casa. Ese problema no es mío… yo no me puedo hacer cargo de lo infeliz que es. Que se enamore viejo… que busque otras cosas que le den placer. Que disfrute el mundo. Eso es lo que no tolera de mí. No entiende cómo siempre estoy deseando volver a mi casa… siempre me hace un comentario al respecto. Bueno, esa es una limitación de él…

-Matu… pará, pará. Te quedaste sin laburo Matu. ¿Entendés lo que eso significa? No es fácil encontrar otra cosa en nuestra profesión, tantos años de trabajo ahí… No es una reacción del momento. Lo dijo muy seriamente y me pidió que te avisara que no volvieras.

-Ah sí? Que no volviera te dijo?

-Sí.

-Bueno. Mala suerte entonces!

-Cómo mala suerte Matu… eso es todo lo que vas a decir? No entiendo.

-Sí. Y que tengo todo un día por delante…

-El día, claro… ¿y mañana, y pasado y el resto de los días? No podés pensar en un día Matu. Lo que perdiste por un día de placer lo vas a pagar por años… un día… ¿Y la vida Matu?

-Claro!. Acabo de darme cuenta de eso...

-Qué cosa Matu…

-Que ahora tengo la vida, Juanma.

Escribieron esta historia: Graciela Fernández, María Inés Ferrero, Sol Guerrero, Flavia Louis, MAría Victoria Hermosilla, Irene Guitián.

sábado, agosto 21

El secreto

Autores varios


Se lo confirmó media hora después de estar sentada en la mesa


-¿Sabés qué pasa Juan? Si se lo digo no hay retorno... Vos sabés cómo es Eleonora, celosa, impulsiva, no escucha, no creo que comprenda las cosas como son. Prefiero mantener en silencio la situación, hasta ver cómo se lo digo. Por favor, les pido a los dos que guarden el secreto.


Los tres amigos se quedaron pensando mientras pedían la cuarta botella de vino de la noche.


-Estas cosas no se manejan así- dijo Domingo, que era el referente del grupo por ser el mayor, rozaba los 65 años.


-Ya sé que no deberían manejarse así- respondió mientras empinaba la botella hacia el vaso como queriendo exprimirla. -Temo que Eleonora cometa una locura al enterarse-


Mientras tanto Eleonora, en su casa, escuchaba música y a pesar de la noche cerrada arreglaba su jardín. Ya estaba pronta la primavera y le gustaba recibirla con todo! Era la estación del año que la hacía sentir feliz, le daban ganas de dejar la cama temprano, acompañada por unos mates y disfrutar del verde y colorido lugar que estaba preparando.


-A vos Juan, tanto como a vos Domingo debo decirles que pensándolo bien el silencio no pasa del fin de semana. Finalmente por tanto proteger a Eleonora de lo que nosotros suponemos va a ser una tragedia estamos colaborando para que siga viviendo en la mentira. No se va a suicidar. Le sobran recursos para bancarse emociones intensas. Ella ama demasiado la vida como para dejarse caer por una traición como esta. ¿O no? Servime más vino Juan, por favor!

Eleonora, mirándose en el espejo descubre una cana, se descubre en su rostro una bella sonrisa y piensa... -¿Sabrá lo que me está pasando? Hoy tengo que enfrentarlo-, mientras acomoda su primera cana. -Ya sé, ante todo uno debe ser honesto pero a veces una mentira es necesaria para evitar malos tragos…, eso mismo…- y se llena una copa de un Malbec, cosecha 2003 -Qué bien sabe…-

Eleonora ya no era la misma de antaño, sus nervios la paralizaban cada vez con mayor frecuencia. Había empezado a tomar unas píldoras para adelgazar que habían acrecentado su mal carácter

-Cristina, vos sabés mejor que nadie, que es lo que pasa cuando no se sinceran ciertas cuestiones. ¿O querés que te recuerde lo que viviste en carne propia, hace unos 15 años?- Dijo Domingo.


-No se te ocurra hablarme de eso Domingo, no se te ocurra hablarme de eso ahora!- contestó ella, poniéndose algo nerviosa... -eso no tiene nada que ver con lo que estamos discutiendo - Se paró para ir al toilette y poder así terminar el tema que tan molesta la había puesto.

-¡No sé para qué sacás esas cuestiones ahora!, sabés cómo la irritan y en definitiva lo que tenemos que lograr es que hable con Eleonora, es la única que puede hacerlo- dijo Juan mientras apuraba su vaso de vino

Cristina estaba molesta, ya había sido bastante pesado convencerlos de no hablar, y ahora a Domingo se le ocurría remover el pasado. No tenía ganas de seguir sentada con ellos. Volvió a la mesa, tomó su abrigo y…

-No, esperá!!!!!-dijo Juan.- ¿qué clase de amiga sos que cuando se te necesita te escabullís?-

-Disculpen, hoy no estoy en condiciones de ayudar a nadie- Tomó su cartera con los ojos
llenos de lágrimas y salió del restaurant tan rápido como una liebre. Miró el reloj, las agujas indicaban casi las 4 de la mañana.

-Te lo dije Domingo ¿ahora qué hacemos?-

En la "Luciérnaga curiosa" apenas quedaba una mesa con una pareja de comensales. La noche era de las últimas que arrastraba el invierno. El clima entre ellos ya no era como hacía tres horas cuando se habían encontrado. Juan se levantó y decidió ir por Cristina. Diez minutos después volvió a la mesa

–Se fue llorando, no quiso volver-

-Qué mina! lo sabía, no tiene coraje. Te advertí que era inútil tratar de convencerla. Vamos a tener que buscar otra manera... Mozo, la cuenta por favor-

Cristina pensaba, mientras el taxista le hablaba del clima y del gobierno. De forma intempestiva dijo -chofer, vuelva, tengo que ir a otro lugar antes de volver a mi casa- le indicó la dirección Golondrina esquina Eucaliptus. Estaba decidida a hablar con Eleonora aunque la hora no fuera razonable.

A minutos de llegar se dio cuenta que era necesario asegurarse que Isabel no estuviera. Los viernes no duerme en casa de Eleonora recordó, así que arriesgó su llegada sin aviso. Le pagó al taxista, bajó del auto y se acercó al portero.

-Soy yo, Cristina-

-Cris… qué hacés a esta hora? Pasá, pasá
Juan y Domingo decidieron caminar sin rumbo certero. Entre silencios y comentarios aleatorios fueron tomando alguna decisión…

-Cristina, ¿pasó algo? preguntó Eleonora con gesto de preocupación.

-No, no, necesitaba hablar con vos.... pero....no sé... hace frío, ¿podemos tomar algo? dijo Cristina, mientras se aseguraba que no hubiera nadie en la casa. -Este es el momento–pensó.

Sabía que a partir de esa noche todo cambiaría, miró a Eleonora y…

-Sé que la hora no es apropiada, pero necesitaba hablar con vos, estuve con Juan y con Domingo hasta hace un rato-.

-¿Que sucede Cristina?, ¿Por qué tanta urgencia en hablar conmigo? ¿Qué es tan importante que no podía esperar?-

-Por favor Eleonora tranquilízate, tomá asiento y escuchame con atención-

Eleonora fue a la cocina a preparar un café. Cristina se refregaba las manos, muy nerviosa, pero ya había tomado la decisión. De pronto escucha pasos que bajaban por la escalera.

-Eleonora, mi amor!! Cielo, te sentís bien?- dijo Isabel que apareció semidesnuda frente a los ojos de Cristina.... No podía creer lo que estaba viendo.

-¡Ay mamá por favor! Cuántas veces te dije que no salgas así del baño, ponete la bata! No la aguanto más! - le dijo al oído a Cristina -desde que no puedo hacerle tomar la medicación está insoportable, ya no quiero que me diga mi amor, ni mi cielo, ni nada! y no sólo eso, ahora mi tío ni siquiera la viene a buscar los viernes, esto es un infierno!-protestaba sin parar. Encima mi viejo, no sé en qué anda... hace mucho que no lo ves?

-Te dije… estuve hoy con él. Con él y con Juan- dijo tímidamente Cristina

-Ah mirá vos, a esta altura está más tiempo con Juan que conmigo-

Cristina jamás se imaginó que Isabel estaría en la casa justo cuando ella estaba decidida a contarle todo a Eleonora. Optó por tranquilizarse y dejar transcurrir el tiempo. De lo que estaba segura era que no se iría de allí sin hablar.

Aprovechando la discusión entre Eleonora e Isabel, Cristina le mandó un mensaje a Domingo... "Estoy por hablar con Eleo..." Minutos después. Respuesta... "Esperame, puedo estar, es mi nieta de la que vas a hablar... corresponde ¿no?"

Quiso contestarle a Domingo pero se había perdido la señal. Salió al patio, aprovechando que seguía la discusión entre Eleonora e Isabel, para lograr enviar la respuesta. Estaba muy oscuro y en el terreno del fondo se escuchaban ruidos muy extraños. La curiosidad fue más fuerte que ella y se trepó al paredón. No podía creer la violencia con que trataban a unas chicas adolescentes tres hombres mayores. -Algo tengo que hacer-, pensó -¿no será este el lugar donde traen menores para prostituir?. (Todos hablaban de esto, pero nadie sabía dónde exactamente)

-Cristina! Vení! Llegó Domingo! -dijo Eleonora...

-Hola Domingo... vení por favor a ver esto ¿escuchás? Esas chicas me parece que necesitan ayuda.

-Noooo, Crisitina, no te preocupes... se juntan siempre ahí y esa es su forma de divertirse. Dale entremos. ¿Estás decidida?-

-Y sí...! vos qué decís…-

-No sé.... me parece que correspondería que María estuviera al tanto, que tendrías que esperar que vuelva de Italia. Debería estar de acuerdo con la decisión de contarle a Cristina... es su hija-

-Sí... y tu nieta... vos no me decís nada pero debe preocuparte la reacción de Cristina ¿no?

-Mirá, recién le decía a Juan, María es grande y tiene derecho a armar su vida como quiera.

No voy a negarte que cuando me enteré de la relación de ustedes me impresionó... eso no quiere decir que me haya caído mal. Vos sos una de mis mejores amigas, a pesar de que podría ser tu padre... y ella mi única nieta. Pero ¿ sabés qué? A esta altura de mi vida de todas las cosas que dejaron de conmoverme la única que me sigue pareciendo que vale la pena es aquello que se hace por amor. Y entre ustedes hay eso, amor! Si hay que pelear por ello hay que pelear...-

-Ayy Domingo, gracias... vos siempre con la palabra justa y alentadora...-

-Vamos, dale, tranquila. Yo te puedo ayudar...

Domingo y Cristina abrazados fueron entrando a la casa.

-¡Gracias amigo! pero no me pidas tranquilidad, Eleonora es muy prejuiciosa, chapada a la antigua, no creo que lo entienda... nos conocemos hace tantos años. Siento que no me perdonará jamás-

-Tal vez sea cierto lo que decís pero sería bueno que recordaras que hace quince años fuiste vos quien tuvo que perdonarla... eso intentaba decirte en el restaurant cuando te ofuscaste. En ese entonces su actitud tuvo que ver con una traición en cambio vos vas a hablarle de una relación de amor...

-Sí... que se la oculté todo este tiempo...

-Bueno, eso no es traición... eso es escamotear información ja! No es lo mismo chiquita!-

-Sos de lo que no existe vos...

-Y sí... dudo que ande otro Domingo por el mundo... menos mal!! Vamos dale... Eso sí! preparte para un ataque de nervios de Eleo, desde que toma esas pastillas anda medio loquita... Es la hora de la verdad, vamos...

-Uy... suena feo eso-

-Sí... eso. Una cuestión de sonido... como son a veces las palabras, sólo sonidos.

Mientras entraban a la casa, Eleonora había logrado tranquilizar a Isabel.

-Bueno sirvo el café y me contás lo que viniste a decirme!-

Cristina seguía muy nerviosa. Domingo apretaba su hombro dándole señales de apoyo. Eleonora entra en la sala con el café, lo sirve y se sienta.

- Bueno, a ver, que es eso tan importante Cristina.

- Lo primero que quiero decirte es que espero que comprendas. La situación se fue dando, no pudimos evitarlo.

- ¿Qué cosa Cris? ¿Con quién?, ¡no entiendo nada! ¡Sé más clara!

- Eso intento Eleonora, no es tan fácil para mí. (Cristina respiró hondo, tomó coraje) Me enamoré de María!! Eleonora la miro con furia

-¿Qué? ¿Cómo pudiste? ¿Mi hija? ¿Con mi hija?

- Sabía que no entenderías, por favor…, mi amor hacia María es sincero, no seas injusta.
Eleonora no sabía qué hacer. Miró a Domingo con furia -Culpa tuya! culpa tuya! mirá lo que lograste! Mi hija lesviana! y con ...esta.... Los odio y preferiría que se fueran…-

Domingo y Cristina intentaron calmarla, pero fue imposible. Salieron de la casa y tomaron un taxi.

-Vayamos a mi casa-, dijo Domingo. -Lo primero que tenemos que hacer es llamar a María.
Tiene que saber cuál fue la reacción de mi hija. Ya pensaremos cómo ablandarle el corazón.

- Sí Domingo, yo sabía que no lo aceptaría. Espero que no desprecie a María por nuestro amor.


-No te preocupes Cris que nada de eso va a suceder... Era previsible que reaccionara así pero en poco tiempo va a entender. María va a saber explicarle cómo fueron las cosas para dejarla tranquila y eso la va hacer reflexionar hasta que un día esto se vuelva un recuerdo...
Camino a la casa de Domingo Cristina recibió un mensaje que lee en voz alta.

-Mensaje de Eleo... "Volvé que quiero que hablemos. Tengo que decirte algo..."

-Uh bueno... lo único que falta ahora es que te diga que María es tu hermana... jaja!!

-Domingooo! Cómo podés hacer chistes ahora... jaja!

-Mirá Cris, el día que deje de reírme será porque estoy muerto... aunque me veas andando. ¿Volvemos?

-Y bueno, vamos!

Ya en la casa de Eleonora.... -Cristina vení, pasá, no soy yo quien quiere hablarte, mamá quiere decirte algo- Isabel sentada en una mecedora, con un gesto, obligó a Eleonora a salir de la habitación.

-Escuchá querida- dijo Isabel a Cristina, mientras Domingo miraba por la ventana. -Hace mucho, mucho tiempo, Eleonora me confesó algo.... Por esa confesión es que no entiendo, o sí, su reacción ante esto. Ella hace años me contó que su matrimonio se rompió porque amaba a otra persona...y esa persona, eras vos, Cristina...

-Qué dice Isabel? gritó Domingo....-Qué está diciendo? por Dios!-

-Jamás me di cuenta de nada, no puede ser Isabel, Ud. debe estar confundida.

-Cuánto hace que no tomás la medicación mujer, estás alucinando. Por eso nos separamos!!!


Cristina se levanta y va en busca de Eleonora, quería confirmar los dichos de Isabel. Sube apresuradamente las escaleras, su corazón latía intensamente. ¿Acaso ella no se había acercado a María por su parecido con Eleonora? Tantos años ocultando sus sentimientos, tantos deseos reprimidos... y ahora Isabel sale con esta historia. ¿Podría ser verdad? Llegó a la puerta del cuarto y se detuvo al escuchar el llanto desconsolado de Eleonora.

-¿Qué haces acá? ¡Te dije que te fueras! ¿Cómo pudiste?" dijo Eleonora mientras seguía recostada boca abajo en su cama.

Cristina se acercó despacio, se sentó en la cama y puso sus manos sobre los hombros de Eleonora...

-Eleo, mirame por favor…

-No, no, no... Vos no entendés todo este dolor, ¡andate!

-Mirame, te lo suplico" dijo Cristina con la voz quebrada…

Eleonora volteó su cabeza, las miradas se cruzaron intensamente, el tiempo se detuvo...


Esta historia fue escrita por: María Victoria Hermosilla, Catalina González, Mirta Gottig, Marcela Silva, Flavia Louis, Ivan Pablo Orbuch, Graciela Fernández y Sol Guerrero

domingo, agosto 8

De tiempos, vientos y amores...

Mi acercamiento a la escritura..

Tras varios intentos y entre juegos, mi primer poema fue publicado en una revista artesanal. Lo escribí a los 13 años, iniciada ya la democracia y teñida por el juicio a las juntas militares. Una historia sobre las Madres de Plaza de Mayo. No era casual. Provengo de una familia que tuvo que lidiar entre preservar la frescura de la infancia, la de mi hermano y la mía, y la necesidad de guardar silencio durante el proceso.

Mis padres, venidos del Paraguay, profesionales y activos militantes del izquierda, fueron perseguidos allá y aquí. En nuestra casa ocasionalmente se hablaba un segundo idioma, estrategia que utilizaban para no involucrarnos en alguna conversación. El guaraní es una lengua que difícilmente se adquiera si no es construido conjuntamente con la lengua madre: es hermético y complejo en su estructura. Nunca lo aprendimos. Y esa era la intención.

Pero la palabra no es todo. Las cosas ocurrían además con el cuerpo. Comprendíamos lo que pasaba. Entendíamos por qué escapábamos de cada sitio. Cuando mi padre desarmaba parte del auto, un Citroën, espiábamos qué iba a esconder en esa oportunidad. Papeles, fotos, libros, documentos. Recuerdo un reloj que, tozudamente, no se podía adherir al guardabarros. Nunca supe por qué no pudo llevarlo puesto. No lo pregunté.

De esa historia arrastré palabras que se volvieron mi primer poema. “Quién es Quién”. Año 1983.

Mi segundo escrito completo, ensayo esta vez, lo escribí un 30 de diciembre de 1990. Cumplía 20 años. Se declaraba el indulto a los militares. Me senté en la terraza y sin poder con la tristeza escribí un largo relato destinado a nadie. O sí, destinado a mis amigos. La noche de ese mismo día había decidido suspender mi fiesta de cumpleaños.

Desde allí acontecieron tiempos de lectura, clásicos y no tantos, de escritura y afectos profundos.

En el 93 dí con el primer amor. Como supo decir Bioy Casares he pasado muchos años comentando el mundo con ese entrañable compañero. Él, 24 años mayor que yo. Fue profesor mío en la Universidad. Le escribí una carta y a partir de allí se animó a mi propuesta de vivir una historia sin condiciones.

Su primer regalo fue un reloj, que nadie tuvo que esconder. El segundo, una novela, “Justine” de Lawrence Durrell (la primera de la tetralogía del Cuarteto de Alejandría – Justine, Mountoulive, Balthazar y Clea).

“En todas partes ando al acecho de una vida que valga la pena ser vivida” decía, precisamente Durrell y así fue. Psicoanalista y lector hasta el hartazgo, conocía el universo literario sin dejar resquicio. Dice en su dedicatoria: “Y amar de una forma tan impremeditada es algo que mucha gente tiene que aprender de nuevo después de los cincuenta años”.

Escribí cientos de relatos y cartas de amor. Esa historia, Justine, me instó a hacerlo.


Año 2003; él en su escritorio, siguió leyendo literatura pero viró hacia un camino inesperado, las neurociencias. Mientras yo ya había iniciado mi novela “Serás a mis ojos, la última distancia”, lenta, confusa, sin destino. Se fue transformando en relatos cortos donde los mismos personajes transitan diversos acontecimientos. Y él, siempre acercando una nueva trama “Mañana en la batalla piensa en mí” de Javier Marías o el “Legado de Darwin” de John Dupré.

Ahí anduve, espiando entre las ciencias, la literatura, la escritura de una historia incierta, de crónicas políticas y ensayos destinados a mis alumnos. Y una vida intensa con él y la escritura.

16 años de historia juntos y las veleidades del alma, que cuando piden permiso ya pasaron la puerta, hicieron que nuestros caminos alteraran el destino. No sin pena ni contradicciones anduvimos tanteando sitios donde reencontrarnos pero por toda grieta pasa el viento parece… y así fue.

Decido escabullirme de cierto desencuentro, una vez más, con la palabra. En la búsqueda de un lugar donde darle entidad a un oficio desorganizado me encuentro en internet con el taller de escritura virtual dictado por Sandra Russo, hallazgo que llega justo en esos momentos en que el tiempo está relegado por el tiempo. Allí decido inscribirme sin saber que en ese sitio, que existe pero no es un lugar, mi vida iba a detenerse para ser una vez más otra…

Doy con un hombre, catalogado por la Russo como “animal de escritura”, que me somete a la distracción, desafía mi rudimentario talento para contar una historia y me ofrece desde Rada Tilly, Comodoro Rivadavia, un relato tras otro que me subordinan al entusiasmo de buscarlo cada atardecer por la web.

Meses después, él, otro amigo virtual y yo decidimos independizarnos del taller literario y conformamos un espacio propio que hicimos llamar “El Rayo Verde”. Allí continuaron deslizándose relatos ficcionales y no tanto, allí se dejaron entrever emociones riesgosas, deseos adormecidos que se desperezaban con beligerancia y promesas propias de un rodaje que uno observa sabiendo que sólo puede ser real si hay un guión que lo sustenta.

Una tarde llegó el prometido abrazo patagónico, “dicen que son uno de los principales atractivos naturales de la Patagonia…”, acusaba su mensaje, y algo de eso hubo, por lo pronto no lo puedo poner en duda… está enlistado dentro de mis siete maravillas del mundo.

Le llevé de regalo “La amante de Bolzano” de Sándor Márai “… te ama, y eso es tan maravilloso como si la luz del alba amara al temporal de la noche…” dice en uno de sus fragmentos y fue allí, en la ciudad de La Plata, en un bar en medio del bosque donde aconteció lo que ninguno esperaba, en dos horas, y a dos almas convencidas de estar tanteando un territorio distante, inverosímil, absurdo… Todo indicaba que nunca más nos volveríamos a ver…

El mensaje que llegó después desde 1800 km de distancia decía “Hubo un momento, tenías la mirada fija en el pocillo, tu mano jugaba con el colgante. El árbol dejó pasar un rayito de luz que dio justo en tu cabeza. Yo juraría que ese rayito, era verde…” Hay que conocer la historia del Rayo Verde para dimensionar su significado, una novela del escritor francés Julio Verne. Dice la leyenda…, ese momento mágico en que dos personas descubren el amor a la vez.

Al día siguiente mi respuesta viajó hacia allí “…sólo se sabe que alguien se lleva una sonrisa de más y queda aquí una pena nueva para andarla, arrastrarla y acostumbrarse a ella. Pero también queda la algarabía de haber vivido el amor por un instante, ante esos intensos ojos verdes que, gracias a los dioses más terrenales, se posaron en un rayito de sol que sólo tuvo la misión de enamorarte.
Tal vez así fue. Y aunque la vida se empecine en despabilarnos, que haya sido es suficiente, por hoy.
Queda constancia que he vivido a un hombre... y nada más...”

Textos, cuentos, ensayos, mails, fueron y vinieron por ruta 3 y por ese mismo camino, o atravesando el cielo, lo que parecía improbable daba sus primeros argumentos. Tiempo de encuentros, de pasiones, de avatares y volteretas que desencadenaron lo que, al tiempo, hoy acontece… que no es poco.

En el año 2009 aquél entrañable amor del pasado inicia en mis brazos lo que fuera su muerte horas después. De allí en más dejó inscripto en mi alma su rostro y el tiempo vivido.

El otro hombre, el de los intensos ojos verdes, me acompañó en el duelo, la tristeza y el amor, en la despedida de un lugar y la búsqueda de una casa nueva, en el pasado y lo que se estaba volviendo vida…

Todo lo que aconteció tuvo que ver con la escritura, con la palabra y el amor a distancia, a regañadientes del deseo de estar. Los encuentros eran exiguos pero en cada caso la eternidad.

“Serás a mis ojos la última distancia” se titula la novela..., y es esa distancia la que él atravesó después de decidir una vida juntos. Y es la misma distancia que mis ojos desean que sea la última… La definitiva nació un 29 de Diciembre y lleva hoy como nombre Vera, que no por imprevisión, significa verdadera.

Por toda grieta pasa el viento decía… pero también todo tiempo redime reflexiones. Cuando los encuentros son perentorios, cuando el amor atraviesa distancias el viento se hace de palabras y todo relato se hace de amores…

El tiempo pasa y la palabra empecinada siempre me ronda, será porque todo relato habla de uno y será además porque entre las siete maravillas poseo la escritura.

Dice un fragmento de la novela pendiente: “Imagino que tendrás serias dificultades para encontrarte con interlocutores válidos. En este mundo la intensidad se paga, y quienes poseemos un entreverado universo interior, por azar o por tozudez, aprendimos a concebir la vida entre la compañía de dos o tres seres infinitos que son, por cierto, una franca multitud, y la literatura. (…) Siempre serás un roedor profesional del alma que no despliega palabra sin certezas. (…) Debiera empezar a contarte, para que conozcas algunas escenas, para ir acomodando las armas y para seguir horadando la conciencia”.

Tal vez la escritura sea para mí ese sitio donde la soledad descansa.

Hay aquí relatos para compartir, historias para contar, ficciones y crónicas que construye la vida cuando nos convoca la sensibilidad. Todo lo demás no es silencio, todo lo demás es intimidad…


Sol Guerrero
Julio de 2010.


El nombre del blog hace alusión a. "En busca del tiempo perdido", una heptalogía de novelas de Marcel Proust, escritas entre 1908 y 1922 y publicadas entre 1913 y 1927. Considerada una de las cumbres de la literatura francesa y universal.

http://es.wikipedia.org/wiki/El_rayo_verde
http://rayoverdetaller.wordpress.com/

sábado, agosto 7

Sin aliento.

Autores varios

Y fue justo en ese instante cuando lo vi que me quedé sin aliento, dudé, traté de pensar, pero mis pensamientos eran lo más similar a una tormenta en el medio del mar. Decidí avanzar, ir hacía él y enfrentarlo....
A medida que me acercaba iba pensando cómo mirarlo, cómo tocarlo, cómo, cómo decirle que ya..., y sin mediar palabra, me desvanecí.
Desperté, tal vez horas, días después, aún no sabía qué había pasado. Me encontraba en mi cuarto. Luna, mi gata fiel, me miraba fijamente. En mi cabeza sólo había confusión, la confusión de la tormenta del mar. Eso era lo único claro.
Cuando logré hacer foco hacia la ventana el desconcierto aumentó, ese objeto, esa imagen, de entresueños, tomó una dimensión inesperada, real. Debo acercarme pensé, pero no, me detuve, me paralicé. Mi corazón latía descontroladamente, mis manos sudaban, mis piernas temblaban hasta que sentí que ahora, esa imagen era la que venía hacia mí. Se acercaba, cada vez más. Traté de retroceder de a poco, y la imagen cada vez más cerca mío.
En ese instante un estruendo interrumpió la línea de mis pensamientos. Me di vuelta. Había recuperado la capacidad de moverme. Y lo hice muy rápido.
La imagen iba en mi dirección. Salí de mi habitación, me di vuelta y ahí estaba, cruzando el marco también. Cobrado el poco aliento que me quedaba, bajé rápidamente la escalera, siempre detrás de mí, mientras bajaba iba tomando, peldaño a peldaño, su forma, mientras Luna pisaba la estela húmeda que iba dejando en su camino...
Dónde está Nicanor -pensé- dónde está...
Busqué la puerta principal, salí, el jardín parecía girar alrededor mío. La brisa del atardecer me abrazaba.
Luna a mi lado expectante.
-¡Luna!- le dije, -vení que te llevo, busquemos a Nicanor-. Cuando me agaché para agarrarla, nuevamente, y con mucha más fuerza, el estruendo. Quedé inmóvil, arrodillada en el pasto con Luna en mis brazos, me clavó las uñas. La había apretado demasiado. Sentí algo tibio que se escurría y me mojaba el camisón. No me importó. Sólo podía pensar en Nicanor. En Nicanor y en la imposibilidad de llamarlo a los gritos, en Nicanor y en el diagnóstico médico que nos había cambiado la vida para siempre.
Por un instante pensé si esto sería obra de él. Nunca había faltado de mi lado y precisamente hoy que necesito su resguardo, no está. Si fuera locura Luna no estaría agazapada esperando que la imagen vuelva a asomarse y yo no seguiría deshidratándome, entonces tomé una decisión. Me di vuelta y arremetí hacia la imagen. -Debo enfrentarme a ella- pensé. Nicanor me preocupaba, estaba enfermo y seguía sin responder. -Tengo que enfrentar esto sola-.
De un salto creí alcanzarla, extendí los brazos, sólo podía escuchar mis propios latidos, mi pecho parecía tener vida propia, mis manos congeladas intentaron llegar a la figura desafiante.
En cuanto la toqué, en ese preciso instante me di cuenta que vi a Nicanor, volví a paralizarme, no podía oír nada a mi alrededor, sólo se repetía en mi cabeza esa imagen, la de él, impactante, ocupando todos los espacios de mi mente, recorriendo todos mis sentidos y mi capacidad de reaccionar. Mi cuerpo ya no me pertenecía, mi mente se entregaba mansamente.
Y todo en mi espacio fluía sin sentido. Nicanor no estaba…
En ese momento escuché, era una voz familiar, muy familiar, me di cuenta por el modo de pronunciar las erres. Era el Dr. Aguirre. Debía abrirle la reja. Tal vez venía a darme noticias de Nicanor, tal vez su llegada fuera casual. Sea como fuere él me salvaría de esta situación. Busqué las llaves, me acerqué a él
-Dr. Aguirre, por favor, ¡ayúdeme! Algo extraño está sucediendo, entre.
-Sí Goxana… ¿qué pasa? Está muy negviosa… ¿Qué le pasa?
-Venga que le muestro… acérquese, pero tenga cuidado, mire donde está Luna ¿ve?
-Sí, sí, veo Goxana… quédese tranquila…
-¿Qué es todo eso, Doctor…?
-Pensé que iba a llegag a tiempo… pero veo que no. La enfegmedad de la que quería hablagle se trata de eso…
-¿Pero qué tiene que ver todo eso, con la enfermedad, Doctor, por favor…?
-Todo eso Goxana, es usted…
-¿Qué? Qué está diciendo…?
-Es una enfegmedad degenerativa… los ógganos se licuan y se van saliendo del cuegpo…
-¿cómo? ¿Y las que están a distancia? ¿Cómo llegaron hasta ahí si yo dormía?
-Creo que eso habría que preguntágselo a ella.
-A quiéeeen?
Mientras sentía que iba perdiendo el aliento… Luna, insistente, no dejaba de lamerse las patas!
-Discúlpeme Goxana ¿Nican..., su marido, estaba durmiendo con usted?
-¿Qué…, Nicanor…?
-Sí, Nicanog también, Goxana…


Escribieron esta historia: Marcela Silva, Catalina Gonzalez, Flavia Louis, María Inés Ferrero, Graciela Fernández, Luciana Mignoli, María Victoria Hermosilla, Irene Guitián y Sol Guerrero.

viernes, julio 30

El rayo verde


Por: Pini Raffaele

Solo,
como el que logra ver todo muy claro,
Solo,
como la atenta luz de un faro
o el último minuto del alcohol.
Solo,
como este mismo instante que se pierde,
como el único que ha visto el rayo verde
cuando se cayó el último sol.
Solo,
como el que desentraña algún presagio,
como el único vivo del naufragio,
como todo el que pierde la razón.

Jorge Fandermole



Hay que aclarar, antes que nada, que él jamás imaginó que ella le fuera a dar bola. A ver si puedo ser gráfico: era la linda, la que todos, abierta u ocultamente, querían tener. La figurita difícil. Quizás lo de ella fue por despecho; andá a saber. El asunto es que en aquella tardenoche de verano, en la parte umbrosa de aquel edificio, ella apoyó nuca espalda y nalgas contra la pared y él sintió que le pegaban con una maza en la nuca. Pero aguantó la flojera de las rodillas. Nadie sabe de dónde pero consiguió saliva para esa boca que era un páramo reseco y la besó. Ella dejó hacer, divertida… los brazos colgando.

Ya eran las siete de la tarde y el bar tenía los sonidos y los aromas de siempre. Llevaba casi diez minutos en la mesa con los amigos y no hubiese podido repetir una sola palabra de las que se habían pronunciado hasta ese momento. Lo despabilaban cada tanto las risotadas pero no había caso, no estaba ahí. Ocupaba la silla pegada a la ventana desde donde se ve la esquina de Pellegrini, con su eterno asfalto ondulado y se supone que ese había sido siempre su lugar. No era el más importante, eso estaba claro, pero a él le gustaba. Es notable cómo, en cada grupo de amigos, cada uno sabe cuál es su silla y los demás se lo reconocen. O lo confinan a ella.

Lo que también sabemos y sabíamos ya en aquella época, es que él no podía portar semejante mina. Y cuando digo esto entiéndaseme bien: no era por lo exageradamente linda o por un culo único o unas tetas infartantes, no. Era única porque metía miedo. Nadie le conocía una historia, pero ella empuñaba las pupilas, te miraba… y te las imaginabas todas. ¡Si habrán gastado horas de fernet hablando de esas historias!

Pero él no pensaba en nada. Sólo trataba de apaciguar ese zumbido que le impedía escuchar las conversaciones cuando sintió que le aplaudían los oídos con dos pelotas de goma. Dicen que así se siente la onda expansiva de una explosión. Todo silencio; los amigos que dejaban de gesticular y giraban la cabeza. Todos para el lado de la ventana. Todo en slow motion. Y ella cruzando Pellegrini en diagonal.
Con esa pollera de jean que no era tan corta.
Con esa camisa blanca que no era tan transparente.
Siempre una pisada delante de la otra.
Iba hacia el bar como el Titanic hacia el iceberg de tipos que la miraban como sólo puede mirar un tipo cuando se le viene un barco encima.

El bar del que les hablo es de esos con mesas de nerolite gris, repisas oscuras con bebidas que hace rato ya no se fabrican. Esos bares que no pretenden ser otra cosa que lo que son. De enormes ventanales que se abren como las viejas ventanillas del tren, de abajo hacia arriba, y que dan a la vereda. En el marco de esa ventana se apoyó. Las palmas abiertas, las piernas abiertas, los ojos también, la boca también, el escote también.

-Hola-
-Hola- respondió el coro como cuando la pelota se va rozando el travesaño.

Y fue ahí cuando pasó. Es como si lo estuviese viendo ahora. Dejando una mano apoyada en el marco de la ventana, usó la otra para tomarlo de la nuca, con los dedos abiertos metiéndosele en el pelo, las uñas rojo sangre y le estampó un beso, rojo sangre, en el medio de la boca. Porque esos besos no se dan, se estampan. Fue muy curioso, porque mientras lo hacía ella miraba de reojo a los muchachos, y él también.

-¿Todo bien?- preguntó al grupo sin soltarle la nuca.
-…pssi…-
- Bueno, chau- dijo mientras le desbarataba los pelos con un gesto lleno de gracia y se perdía en dirección a Primero de Mayo.

-¡Hijo de mil putas!- largó el primero.
-¡No dijiste nada!- increpó el segundo.
-¡Largá todo ya!- amenazó el tercero.
El cuarto lo miraba despavorido.

Y él sólo quería no estar ahí. Justo cuando podía reunir a un auditorio desesperado por escucharlo, él no quería estar ahí. Yo creo que era porque se imaginaba más un espectáculo circense que un gran orador. Pero no había salida posible.

-¿Qué les voy a contar?-
-¿Te la cogiste?-
-¡No, boludo, si esto pasó ayer!-
-¿Qué?-
-Le di un beso, en la calle, nada más-
-¿Le diste un beso y no te la cogiste?-
-¡No sean pelotudos, che!-

Después ya no se entendió más nada porque hablaban todos al mismo tiempo. Se reían, lo aplaudían, le pegaban… por una vez era el centro de la escena, pero no estaba muy seguro de estar contento.
Pasó una semana pero pareció muchísimo más. A veces estaban solos, en la esquina de siempre, y si pasaba uno de los chicos se me hacía que ella se le apretaba más. Había uno en particular, el de pelo largo. Cada vez que pasaba, el cuerpo de ella se tensaba y lo agarraba más descaradamente. Aquella tarde él estaba de espaldas a la pared, con ella entre sus piernas y sujetándola por la cintura. El de pelo largo pasó muy despacito con el auto pegado al cordón, el brazo afuera, la mano también, el pucho también… justo cuando ella tomó sus manos y se las afirmó en el culo. Todo el pelo negro giró como la pollera de una gitana para mirarlo, los ojos casi amarillos de tan verdes; pero el peludo había acelerado a fondo y desaparecía por la esquina de nueve de julio.

Pudo haberse cambiado de silla, lo sabía. Pero de verdad le gustaba la del ventanal. Mirar hacia Pellegrini ya era un gesto diagonal.

-¡Pero mirá qué pedazo de orto!- gritaba uno de los muchachos frente al televisor del bar donde pasaban la repetición repetida de los repetidos programas de Tinelli.

Él remaba despacito, en círculos por la bocacalle.

Como buscando sobrevivientes del naufragio.

Pini Raffaele
(Tema: "Solo" por Fandermole) http://www.youtube.com/watch?v=e-zXRo7c4jY