jueves, julio 22

Registro 4

"De cuando un día cualquiera deja de serlo..."
Por: Sol Guerrero

Perdida

Eran las 5 de la tarde, minutos más, menos. Llegaba a mi casa. Relevo a Pini del cuidado de Vera y él a mí como proveedor del hogar. Antes de irse me pasa el parte de situación. Hora que comió, cuánto durmió y alguna que otra novedad. Nos abrazamos los tres sangucheando a Vera y se va. ¿Tierna imagen, no?

Un día del amigo intenso, abrazos y frases que le otorgan extrañeza a una jornada que, como suelo decir, deja de ser cualquiera. Aunque es previsible que si uno no está solísimo, abandonado, desposeído, parapetado, y así…, border, border, eso suceda.

Lo demás se parecía bastante a las 5 y pico de ayer. Limpiar los platos, hacer las camas, darles de comer a mis perris, lavar ropa; después de un día de lluvia limpiar las huellas perfectas que dejan las patitas de Azúcar y Olivia. Por supuesto, entre otras cosas, levantar, acostar, hamacar, cambiar, mamadera, juguete, televisión y algo de acro-sport en la cama (ahhh, yo fui gimnasta, ¿no les conté? Otro día…) para gastar energías de Vera.

No es que Pini no haga nada es que todo eso se hace por tercera o cuarta vez en el día. Ni falta que hace decirles. Y por fin puse la pava en la hornalla. Vera duerme y yo con dos posibles tareas, trabajar en algo pendiente de la facultad o ir espiando el facebook porque el tránsito de mensajes estaba, por suerte, en actividad permanente. Bueno, las dos cosas. Sí! yo puedo hacer dos al mismo tiempo, qué tanto…!

Casi que llego a la hora cumplida con la misma tarea hasta que escucho a alguien gritando en la puerta, en la vereda digamos, para ser más precisa. Bajo la música para escuchar si era en mi casa. La calle donde vivimos es muy transitada de gente y de autos así que de todas las posibilidades existentes la última era que fuera en mi territorio. Ahora, sucede que en lo que hace a la vez de reja y jaula de nuestras mascotas no tenemos timbre, entonces siempre me persigo creyendo que pueden estar llamándome a gritos. Claro, en general la gente aplaude. Pero no. Subo la música y sigo con lo mío.

Otra vez el grito, bajo el volumen, nada, subo el volumen. Voy a ver a Vera, por ahí ya aprendió a gritarme, pienso. No. Angelito, angelito. Sigo con trabajo y mensajes. Otra vez, la tercera es la vencida o, en su defecto, si alguien dependía de mí para salvarse ya era tarde. Miro por la ventana y sí, una señora entrada, sumergida diría, en años, estaba en mi puerta.

Salgo, poca luz para ser la tarde y mucha para ser de noche. Me acerco.

Yo- Hola Señora, sí, qué necesita
Sra- Entrar a mi casa
Yo- Ajá… No entiendo.
Sra- No encuentro el timbre.
Yo- No, no hay timbre pero qué necesita
Sra- Entrar a mi casa dije.
Yo- No señora, me parece que está confundida, yo vivo acá.
Sra- Nooo, yo soy la hija de mi hija y vivo acá con mi marido, 70 años con mi marido. ¿Vos quién sos? ¿Está mi hija?
Yo- A ver señora, tranquilícese, mire… Yo alquilo esta casa. Usted está confundida.
Sra- Pero yo no la vendí. Vivo acá.
(Ahí me percaté que la señora era la dueña de la casa que yo alquilé hace un año. En verdad yo hice todo el trámite con la hija y ella es la madre de la hija, por eso no la reconocí)
Yo- No claro, usted no la vendió. Esta es su casa, es cierto, pero yo se la alquilé…
Sra- Claro, es mi casa…
Yo- Sí pero no, porque ahora yo vivo acá ¿entiende? ¿Por qué no pasa así llamamos a su hija para que la venga a buscar? ¿Quiere?
Sra- No… (se larga en llanto) me confundí… pero 70 años estuve con mi marido y se murió el 26 de agosto, hace un mes, y por qué vine acá si yo vivo en Castelli… ay Dios!
Yo- uh, siento mucho lo de su marido. No, Castelli es acá señora. ¿No quiere pasar así llamamos a su hija? Dele, pase…
Sra- Sí, paso y me quedo en mi casa
Yo- Eso no va a poder ser pero pase… así habla con su hija, dele…
Sra- Sí… 70 años con mi marido…
Yo- Venga vamos, quédese acá, deme un minuto que saco a las perras.

Las perras, cómo hago… malabares para sacarlas y de paso miro a Vera que estaba con los ojos prendidísimos. La señora muy angustiada entra, la siento en el sillón, trato de bajarle la angustia. Ella va y vuelve, del pasado al presente, de la felicidad a la más profunda tristeza y sí, de la risa al llanto.

Las perras queriendo entrar, Vera llorando ante mi ausencia (digo yo… no sé) Decido llamar a la hija desde mi celular para no cambiar de ambiente… ¿Y el número de teléfono? Rescato a Vera, me la llevo a upa. Me agacho para quedar a su altura, de la señora, trato de inspirarla y le pregunto…

Yo- ¿Usted se acuerda por esas cosas de la vid… cómo es el número de teléfono de su hija? Piense tranquila (No podía ser posible, pero sí!)
Sra- Sí claro… 4294 49 mm mm. Qué lindo tu nene.
Yo- Epa! Perfecto. Es una nena…, a ver… 429… (Suena el teléfono de mi casa) quédese acá que atiendo y vuelvo. No se mueva, ya vengo.
Sra- sí querida.
Yo- Hola (tal vez la hija se haya dado cuenta, pensé) hola…, hola. (Nadie) Mi celular ocupado y mi teléfono de línea mudo. Corto el de línea y vuelvo a marcar el de la hija de la señora desde el celular. Vuelve a sonar el de línea… Vera a upa.

Yo- ya vengo eh, espéreme
Sra- Sí querida. Qué lindo tu nene!

Yo- Es nena. Hola…, holaaa, holaaa! (El de línea mudo, el celular ocupado. Miro la pantalla… qué boluda, qué boluda, me está dando el número de mi casa)

Yo- A ver señora ¿se acuerda como es el de su hija, donde usted vive? El que me dio es el de esta casa.
Sra- Pero sí, si yo vivo acá…
Yo- No. A ver, el teléfono de su hija, piense, piense
Sra- Sí 4293 85 mm mm
Yo- Ahí está.

Marco, suena, atienden. Hablo con la hija de la madre. Angustiadísima, la estaba buscando. Todo listo. Seguimos con la señora, me relata su vida en pocos minutos. Me repitió cientos de veces todo lo que amaba a su difunto marido y yo recordaba, cada vez, que Haydée, mi vecina, chusma de categoría siempre me contó cuánto le pegaba el marido a esta señora y ella viniendo en su ayuda… “70 años con él”, me decía, la suma no me daba pero hacer cuentas con ella no, de ninguna manera…

Sra- Estas cortinas son mías… qué lindo tu bebe!
Yo- Siii, muy lindo ¿no? (Si me preguntaba el nombre le iba a decir Juan ya lo tenía pensado) Claro! Usted las dejó las cortinas… ¿se las quiere llevar?
Sra- No querida. No me trate como una nena, ya sé que me desorienté pero eso me pasa por salir. Hoy decidí ir a ver a mi amiga porque es el día de la familia. (…) y eso que tomé la pastilla. Tres veces la tomé…
Yo- ¿Tres veces? Ahh, pero debe ser por eso…
Sra- Sí… porque 2 veces me olvidé que las había tomado (claro, debí suponerlo)
Yo- Mire. Ahí viene su hija.

Y se fue. Entré a mi casa. Busqué a Vera, la acosté sobre la cama, la miré… tenía hipo. Acompañé el sonido “hip” “hip” y sólo con eso se echó a reír como nunca. Por suerte me dio el cuerpo entero para registrar que estaba oyendo su primera carcajada. Obviamente repetí el juego, claro, “hip” “hip”, ¿para qué? me miró, media sonrisa y explotó en llanto. ¿Eh? Nahhhh, no puede ser, esta pibita se dio cuenta de todo…, me está cargando…! La levanto, la tranquilizo. Me tiro en la cama, ella duerme y yo respiro…

Finalmente, pienso, sigue siendo un día cualquiera. Lo cierto es que pasé de la demencia senil a la demencia precoz en no más de 70 minutos. No puedo ni imaginar lo que ocurre en 70 años!


Por: Sol Guerrero

11 comentarios:

  1. muy buena tu historia Sol...pobre señora pensar que es el destino que a todos nos va a tocar, olvidarnos tres veces que tomamos las pastilla y volverla a tomar jajajaja buenisima...besos
    Natalia Miño

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  2. Me mató!!!!!qué linda historia para decir porqeu un día deja de ser un día cualquiera...Espectacular!!!!!!Qué belleza Sol!!te imagino yendo a calmar a Vera, contener a la señora, llamar a la hija, sacar a las perras...yendo y viniendo para ...un lado y otro y pensando..qué hago..qué hago???...jajaj..
    Gracias por compartir tus historias ....
    Catalina González

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  3. Buenísima la historia. El relato y la dosis de angustia y de humor. Se viene el blog!
    Ahora bien... ¿en serio te pasan estas cosas?
    jajajajajjajajajaja
    María Inés Ferrero

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  4. Lo bueno mío es que no te cobro y soy sincera!
    (debo decir que este texto es impresionante. Y muy freak).Jajajajajajaja
    Pero debo decirte que no es fácil hacer que lector pueda sentir esa combinación de sentimientos. Eso es "saber llevar la p ...elota" narrativamente hablando... una te lee y está ansiosamente esoperando ver qué pasa en la línea siguiente
    María Inés Ferrero

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  5. Tal como lo dice Inés, perfecta combinación de angustia y humor. Me remitió a escenas vividas y sufridas. Esas en las que uno se encuentra cuidando a aquel que lo cuidó y sin tener el manual para hacerlo.
    No es mamá Cora, no es ficción auq ...ue lo parezca ... a veces así es la vejéz y por suerte tenemos las risas y las Veras para conectarnos con la otra parte de la vida.
    Graciela Fernández

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  6. Por suerte, pienso, no todas las personas llegamos a la vejez de esa manera. Por lo menos yo no pienso... jajjaja
    Me dio un poco de tristeza.
    A vos te pasan cosas locas ... me gusto mucho!
    Silvina MAzzarella

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  7. Qué lindo escribís, Sol. Con una cotidianeidad admirable. Pasé por acá porque compartimos una amiga en FB, a María Inés. Felicitaciones por tu blog, me encantó.

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  8. Gracias Naty! Bueno, parece entonces que nos iremos leyendo porque a mí tb me gustó mucho lo que leí en tu blog..! Un gusto!

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