Aquí figurarán títulos, autores, textos (novelas, cuentos, ensayos, poesía etc.) clásicos o no, de escritores famosos y no tanto que sean recomendables para ser leídos...
Están invitados a mandar los títulos o autores predilectos para lograr una larga lista de sugeridos.
Sol.
viernes, julio 2
Registro 2
"De cuando un día cualquiera deja de serlo..."
Por: Sol Guerrero
Mundial
Sábado muy temprano. Doy clases en un profesorado. Me toca hablar del saber como construcción social. De cómo la representación de la realidad es histórica y construye imaginarios sociales. El magma de significaciones diría Castioriadis.
Quince alumnos, no más, de entre 18 a 25 años, estudiantes de un Profesorado de Historia y Matemática de Adrogué, no es detalle menor. La charla va, viene, los conceptos rebotan, se reflexionan, se entienden, se preguntan y se responden, y por añadidura, surge la discusión de cómo intervienen los medios de comunicación en esa traducción del contexto.
A esta altura de mi ejercicio de la docencia, pero mucho más de mis años, no hago esfuerzos por lograr la tan mentada objetividad, finalmente hipócrita. Las ideas inevitablemente se deslizan como el agua en el discurso e incluso en los gestos. Ahí fui, intentando mostrarles cómo funcionan los medios de comunicación en la construcción de la realidad, cómo pueden definir ese magma de significaciones
Pues bien, para mi sorpresa, -todos- todos esos jóvenes tenían absoluta claridad de los intereses que representan los multimedios, de la activa participación que muchos de ellos tuvieron en la dictadura, de cómo tergiversan la información para manipular la perspectiva de la realidad que a veces son muchas pero otras es una, con todos los matices que las subjetividades quieran endilgarles. Un alumno expresó: “Sería mucho más sensato que dijeran: Nosotros estamos en contra de la Asignación Universal por Hijo porque tenemos una visión neoliberal de la política ergo consideramos que el Estado no debe hacerse cargo de los problemas sociales”. Listo.
Más satisfecha no podía estar… tantos meses, años, de venir remando contra la supuesta mayoría, que estar en un ámbito de no más de 10 x 5 de superficie siendo 16 personas y todas de acuerdo es mucho, ¿habrá sido un malentendido? No lo creo. Más bien pareciera que la historia cuando se la mira sirve para entender…
Salí del Instituto pipona. Un poco de Led Zeppelin en el auto y de allí hacia mi casa. Ansiosa por volver pero también con ganas imprevistas de hacerme y hacerles a los míos un regalito. Allí fui, al centro comercial de Adrogué. Hermoso día de sol, frío pero disfrutable. Compré ropita para Vera, eso me llevó bastante tiempo, conseguir algo que no sea rosa es toda una travesía; y fui a ver algo para mí al negocio de siempre para no dar muchas vueltas.
Las chicas del local ya saben que entro, me recorro todos los percheros y después decido. No me gusta que me sugieran lo que ellas creen yo querría ponerme. No. Yo solita puedo y si tengo una duda pregunto.
Voy mirando y mientras avanzo escucho la siguiente conversación.
Chica 1 - Ayer me regalaron una corneta, de las cortitas…
Chica 2 - Ah, una vuvuzela…
Chica 1 - Sí!
Chica 2 -Qué bueno que a Argentina le vaya bien, yo creo que va a salir campeón…
Chica 1 -Claro, que va a salir campeón es seguro ¿No sabías que está todo arreglado?
Chica 2 -¿Cómo que está todo arreglado?
Chica 1 - Síi, lo escuché en la radio (…) Parece que entre Cristina Kirchner, Maradona, Grondona y… ¿Viste que viajó la de Carlotto? Bueno, entre ellos y los organizadores del mundial arreglaron para que Argentina salga campeón
Chica 2 - Nooooo
Chica 1 - Sí! Es para lograr la reelección de la Kirchner
Chica 2 - mmm, no sé, pero bueno, lo importante es que salga campeón
Chica 1 - Y sí! Pero no, no es lo mismo
Chica 2 - Sí… qué importa! Igual no creo que esté arreglado…
No aguanté, quise, pero no aguanté. Me di vuelta, me acerqué al mostrador con una prenda como para preguntar el precio y dije…
Yo -Sí, es cierto lo que dice ella, que está arreglado, ya se sabe que Argentina sale campeón. De hecho en esa reunión también estuvo Obama…
Chica 1 - ¿Viste?
Chica 2 - ¿en serio?
Yo - Sí…, y además ya le prometieron a Maradona que si todo sale como lo planificaron él va a ser candidato a Vicepresidente.
Chica 1 -Nooo, ¿te das cuenta? …este país da para cualquier cosa.
Yo -Exactamente, para cualquier cosa…
Dejé la prenda, saludé con una sonrisa y me retiré. Mientras manejaba de vuelta a casa pensé. Por suerte cuando le cuente a Pini va a entender por qué esta pequeña anécdota se me presenta a mí tan inmensa. Infinidad de veces me encuentro pensando qué sería de mis días si no tuviera siempre a alguien que comprendiera qué cosas del mundo y de la humanidad ponen en alerta mi atención.
Vale aclarar que este relato, como el lysoform, refleja el 99, 9% de veracidad… El 1% de artificio no vale la pena ni mencionarlo porque no cambia la escena. No es mi intención que la ficción supere la realidad. ¿Para qué?
Por: Sol Guerrero
Mundial
Sábado muy temprano. Doy clases en un profesorado. Me toca hablar del saber como construcción social. De cómo la representación de la realidad es histórica y construye imaginarios sociales. El magma de significaciones diría Castioriadis.
Quince alumnos, no más, de entre 18 a 25 años, estudiantes de un Profesorado de Historia y Matemática de Adrogué, no es detalle menor. La charla va, viene, los conceptos rebotan, se reflexionan, se entienden, se preguntan y se responden, y por añadidura, surge la discusión de cómo intervienen los medios de comunicación en esa traducción del contexto.
A esta altura de mi ejercicio de la docencia, pero mucho más de mis años, no hago esfuerzos por lograr la tan mentada objetividad, finalmente hipócrita. Las ideas inevitablemente se deslizan como el agua en el discurso e incluso en los gestos. Ahí fui, intentando mostrarles cómo funcionan los medios de comunicación en la construcción de la realidad, cómo pueden definir ese magma de significaciones
Pues bien, para mi sorpresa, -todos- todos esos jóvenes tenían absoluta claridad de los intereses que representan los multimedios, de la activa participación que muchos de ellos tuvieron en la dictadura, de cómo tergiversan la información para manipular la perspectiva de la realidad que a veces son muchas pero otras es una, con todos los matices que las subjetividades quieran endilgarles. Un alumno expresó: “Sería mucho más sensato que dijeran: Nosotros estamos en contra de la Asignación Universal por Hijo porque tenemos una visión neoliberal de la política ergo consideramos que el Estado no debe hacerse cargo de los problemas sociales”. Listo.
Más satisfecha no podía estar… tantos meses, años, de venir remando contra la supuesta mayoría, que estar en un ámbito de no más de 10 x 5 de superficie siendo 16 personas y todas de acuerdo es mucho, ¿habrá sido un malentendido? No lo creo. Más bien pareciera que la historia cuando se la mira sirve para entender…
Salí del Instituto pipona. Un poco de Led Zeppelin en el auto y de allí hacia mi casa. Ansiosa por volver pero también con ganas imprevistas de hacerme y hacerles a los míos un regalito. Allí fui, al centro comercial de Adrogué. Hermoso día de sol, frío pero disfrutable. Compré ropita para Vera, eso me llevó bastante tiempo, conseguir algo que no sea rosa es toda una travesía; y fui a ver algo para mí al negocio de siempre para no dar muchas vueltas.
Las chicas del local ya saben que entro, me recorro todos los percheros y después decido. No me gusta que me sugieran lo que ellas creen yo querría ponerme. No. Yo solita puedo y si tengo una duda pregunto.
Voy mirando y mientras avanzo escucho la siguiente conversación.
Chica 1 - Ayer me regalaron una corneta, de las cortitas…
Chica 2 - Ah, una vuvuzela…
Chica 1 - Sí!
Chica 2 -Qué bueno que a Argentina le vaya bien, yo creo que va a salir campeón…
Chica 1 -Claro, que va a salir campeón es seguro ¿No sabías que está todo arreglado?
Chica 2 -¿Cómo que está todo arreglado?
Chica 1 - Síi, lo escuché en la radio (…) Parece que entre Cristina Kirchner, Maradona, Grondona y… ¿Viste que viajó la de Carlotto? Bueno, entre ellos y los organizadores del mundial arreglaron para que Argentina salga campeón
Chica 2 - Nooooo
Chica 1 - Sí! Es para lograr la reelección de la Kirchner
Chica 2 - mmm, no sé, pero bueno, lo importante es que salga campeón
Chica 1 - Y sí! Pero no, no es lo mismo
Chica 2 - Sí… qué importa! Igual no creo que esté arreglado…
No aguanté, quise, pero no aguanté. Me di vuelta, me acerqué al mostrador con una prenda como para preguntar el precio y dije…
Yo -Sí, es cierto lo que dice ella, que está arreglado, ya se sabe que Argentina sale campeón. De hecho en esa reunión también estuvo Obama…
Chica 1 - ¿Viste?
Chica 2 - ¿en serio?
Yo - Sí…, y además ya le prometieron a Maradona que si todo sale como lo planificaron él va a ser candidato a Vicepresidente.
Chica 1 -Nooo, ¿te das cuenta? …este país da para cualquier cosa.
Yo -Exactamente, para cualquier cosa…
Dejé la prenda, saludé con una sonrisa y me retiré. Mientras manejaba de vuelta a casa pensé. Por suerte cuando le cuente a Pini va a entender por qué esta pequeña anécdota se me presenta a mí tan inmensa. Infinidad de veces me encuentro pensando qué sería de mis días si no tuviera siempre a alguien que comprendiera qué cosas del mundo y de la humanidad ponen en alerta mi atención.
Vale aclarar que este relato, como el lysoform, refleja el 99, 9% de veracidad… El 1% de artificio no vale la pena ni mencionarlo porque no cambia la escena. No es mi intención que la ficción supere la realidad. ¿Para qué?
Por: Sol Guerrero
martes, junio 15
Registro 1
"De cuando un día cualquiera deja de serlo..."
Por: Sol Guerrero
Fórmula
Hoy tuvimos que ir Pini, Vera y yo a Capital. Caminamos por Irigoyen, creo, hacia 9 de Julio. Es increíble lo que ocurre cuando uno no está habituado a ir al centro. Pini cargaba el “huevito”, objeto que hace a la vez de casita, mesa, sillón y mamadero de Vera. Allí pasa sus noches (ya no sé cómo hacer para modificarle ese hábito). Lo cierto es que es como si yo quisiera dormir en un cajón de manzanas.
Decía…, caminamos cuesta arriba sobre veredas que no miden más de 1 metro de ancho y autos que nunca sabés demasiado bien si van a frenar ante, bajo, sobre, o debajo de la senda peatonal. Así que con mucho cuidado fuimos a paso lento mientras Pini, como es su costumbre, me tomaba del hombro y me ubicaba a su derecha para alejarme de la calle. Aclaro, porque no es menor, que Pini tiene ese gesto aún cuando no estoy con Vera. Es de los que te abre la puerta del auto y siempre, siempre te hace pasar primero (hay que decirlo…).
Teníamos unas “6, 7, 8” cuadras por delante ja! No, 4, en verdad, y ¿qué ocurrió?: Uds conocen bien la mirada de Vera, esos dos zafiros que penetran e iluminan cualquier rededor donde se encuentre. Bueno, no podía abrirlos. El humo de los colectivos pensé… La cantidad de gente que pasa no le permite hacer foco, teoricé acto seguido…, pues no. El ruido le dolía en los ojos. Coloqué su cabeza entre mi mano y mi pecho para taparle sus orejas y ahí, de a poco, se fue animando a encenderlos. No sé si las lagrimitas eran por el viento o por el smoke, pero lo cierto es que se empecinó a hacerlo porque ella acepta cualquier cosa menos perderse, siquiera, el más efímero registro. Logrado su esfuerzo sucedió lo que suele ocurrirme en la calle, más de un señor o mujer la mira y le imparte algún piropo a lo que ella –por supuesto- ¿Qué hace? Sonríe.
A la hora del almuerzo decidimos ir a "La Clac", un restaurant que queda sobre Av. de Mayo. Allí nos encontrábamos, aprovechando la ida a Capital, con un amigo de Pini, psiquiatra él, de Comodoro Rivadavia, que no ve desde que decidió venirse a vivir conmigo a Adrogué.
Yendo con Pini es condición llegar a horario y así fue (nooo, si yo estoy cambiando mucho eh!). Elegimos un lugar más o menos cómodo y lo menos entorpecedor posible para el resto de la gente por el huevito en cuestión. Vimos un rincón donde había una mesa redonda. Allí nos sentamos, acomodamos a Vera y llegó José Luis. Por supuesto un encuentro muy emotivo porque además del mar lo que más extraña Pini son sus amigos. Llegó él, su esposa y su hija menor. Nos presentamos y desde el segundo 1, desde ya, Vera fue el centro absoluto de atención. La besaron, la abrazaron, la levantaron etc, etc. ¿Qué hace ella? Sonríe.
La mujer del amigo de Pini me dio un regalito para Vera. Una bolsa grande que contenía un teatrino, se dice, según Pini, que se arma para usar con títeres, obviamente! No lo quise abrir porque me di cuenta que era necesario desplegarlo. Agradecí mucho y lo dejé a un costado cuando José Luis me advirtió que si bien nosotros teníamos que hacernos de títeres, ellos habían colaborado con uno muy especial y que estaba dentro de la bolsa también. Enseguida lo busqué en el fondo y allí saqué el paquete más pequeño. ¿Qué era? Un pingüino! Ja! Me encantó. Todo un símbolo para transmitirle a Vera. Nos reímos haciéndolo hablar al pingüinito y por supuesto se inició la charla acerca de cómo veíamos las cosas, o sea el país. Por suerte una mesa K que nos permitió regodearnos en cierta alegría. Mucha política en la mesa y la sensación que algo había cambiado en estos últimos tiempos. Al menos, concluimos, nos sentimos o podemos estar menos a la defensiva.
Salí a fumar a la calle y volví. En ese instante Pini me señala que en diagonal a nuestra mesa estaba sentado Sabbatella con, espero haberlo reconocido bien, Roberto Baradel (Secretario General del SUTEBA y Secretario Adjunto de la CTA provincia de Buenos Aires). Y otro señor que no reconocí. Me alegré, sentí deseos de ir a saludarlo, muy cholulo pensé, ¿qué le digo? ¿Le digo que me gusta? No. ¿Que lo quiero? Tampoco. ¿Qué confío en él? Muy abstracto. Expresé en voz alta… “Y si lo voy a saludar” A lo que me respondieron “claro, andá” y fui.
Me acerqué a la mesa con Vera a upa. Me miraron levantando el cuerpo como quien no sabe qué puede acontecer, intenté sonreír para desestimar cualquier amenaza y llegué.
Sabbatella se dio vuelta, me miró con sus ojitos cristalinos, se paró, se acomodó el saco, me acerqué a su rostro, él acompañó, me dio un beso, la acarició a Vera ¿Qué hizo ella? Sonrió, y le dije. “Te pido, por el futuro de mi hija Vera, que la fórmula sea Kirchner – Sabbatella…”
Todos se rieron con cierta sorpresa, “ahora no te vas a poder negar” le dijo uno.
Él se emocionó, creo, y yo también.
Por: Sol Guerrero
Por: Sol Guerrero
Fórmula
Hoy tuvimos que ir Pini, Vera y yo a Capital. Caminamos por Irigoyen, creo, hacia 9 de Julio. Es increíble lo que ocurre cuando uno no está habituado a ir al centro. Pini cargaba el “huevito”, objeto que hace a la vez de casita, mesa, sillón y mamadero de Vera. Allí pasa sus noches (ya no sé cómo hacer para modificarle ese hábito). Lo cierto es que es como si yo quisiera dormir en un cajón de manzanas.
Decía…, caminamos cuesta arriba sobre veredas que no miden más de 1 metro de ancho y autos que nunca sabés demasiado bien si van a frenar ante, bajo, sobre, o debajo de la senda peatonal. Así que con mucho cuidado fuimos a paso lento mientras Pini, como es su costumbre, me tomaba del hombro y me ubicaba a su derecha para alejarme de la calle. Aclaro, porque no es menor, que Pini tiene ese gesto aún cuando no estoy con Vera. Es de los que te abre la puerta del auto y siempre, siempre te hace pasar primero (hay que decirlo…).
Teníamos unas “6, 7, 8” cuadras por delante ja! No, 4, en verdad, y ¿qué ocurrió?: Uds conocen bien la mirada de Vera, esos dos zafiros que penetran e iluminan cualquier rededor donde se encuentre. Bueno, no podía abrirlos. El humo de los colectivos pensé… La cantidad de gente que pasa no le permite hacer foco, teoricé acto seguido…, pues no. El ruido le dolía en los ojos. Coloqué su cabeza entre mi mano y mi pecho para taparle sus orejas y ahí, de a poco, se fue animando a encenderlos. No sé si las lagrimitas eran por el viento o por el smoke, pero lo cierto es que se empecinó a hacerlo porque ella acepta cualquier cosa menos perderse, siquiera, el más efímero registro. Logrado su esfuerzo sucedió lo que suele ocurrirme en la calle, más de un señor o mujer la mira y le imparte algún piropo a lo que ella –por supuesto- ¿Qué hace? Sonríe.
A la hora del almuerzo decidimos ir a "La Clac", un restaurant que queda sobre Av. de Mayo. Allí nos encontrábamos, aprovechando la ida a Capital, con un amigo de Pini, psiquiatra él, de Comodoro Rivadavia, que no ve desde que decidió venirse a vivir conmigo a Adrogué.
Yendo con Pini es condición llegar a horario y así fue (nooo, si yo estoy cambiando mucho eh!). Elegimos un lugar más o menos cómodo y lo menos entorpecedor posible para el resto de la gente por el huevito en cuestión. Vimos un rincón donde había una mesa redonda. Allí nos sentamos, acomodamos a Vera y llegó José Luis. Por supuesto un encuentro muy emotivo porque además del mar lo que más extraña Pini son sus amigos. Llegó él, su esposa y su hija menor. Nos presentamos y desde el segundo 1, desde ya, Vera fue el centro absoluto de atención. La besaron, la abrazaron, la levantaron etc, etc. ¿Qué hace ella? Sonríe.
La mujer del amigo de Pini me dio un regalito para Vera. Una bolsa grande que contenía un teatrino, se dice, según Pini, que se arma para usar con títeres, obviamente! No lo quise abrir porque me di cuenta que era necesario desplegarlo. Agradecí mucho y lo dejé a un costado cuando José Luis me advirtió que si bien nosotros teníamos que hacernos de títeres, ellos habían colaborado con uno muy especial y que estaba dentro de la bolsa también. Enseguida lo busqué en el fondo y allí saqué el paquete más pequeño. ¿Qué era? Un pingüino! Ja! Me encantó. Todo un símbolo para transmitirle a Vera. Nos reímos haciéndolo hablar al pingüinito y por supuesto se inició la charla acerca de cómo veíamos las cosas, o sea el país. Por suerte una mesa K que nos permitió regodearnos en cierta alegría. Mucha política en la mesa y la sensación que algo había cambiado en estos últimos tiempos. Al menos, concluimos, nos sentimos o podemos estar menos a la defensiva.
Salí a fumar a la calle y volví. En ese instante Pini me señala que en diagonal a nuestra mesa estaba sentado Sabbatella con, espero haberlo reconocido bien, Roberto Baradel (Secretario General del SUTEBA y Secretario Adjunto de la CTA provincia de Buenos Aires). Y otro señor que no reconocí. Me alegré, sentí deseos de ir a saludarlo, muy cholulo pensé, ¿qué le digo? ¿Le digo que me gusta? No. ¿Que lo quiero? Tampoco. ¿Qué confío en él? Muy abstracto. Expresé en voz alta… “Y si lo voy a saludar” A lo que me respondieron “claro, andá” y fui.
Me acerqué a la mesa con Vera a upa. Me miraron levantando el cuerpo como quien no sabe qué puede acontecer, intenté sonreír para desestimar cualquier amenaza y llegué.
Sabbatella se dio vuelta, me miró con sus ojitos cristalinos, se paró, se acomodó el saco, me acerqué a su rostro, él acompañó, me dio un beso, la acarició a Vera ¿Qué hizo ella? Sonrió, y le dije. “Te pido, por el futuro de mi hija Vera, que la fórmula sea Kirchner – Sabbatella…”
Todos se rieron con cierta sorpresa, “ahora no te vas a poder negar” le dijo uno.
Él se emocionó, creo, y yo también.
Por: Sol Guerrero
viernes, junio 4
El Método Científico
Por: Pini Raffaele
-¿Necesita que venga mañana, doctor?
-Le aviso Sonia, vaya nomás. Usted también, Gunther, muchas gracias. Pasen a cobrar el viernes, por favor.
-Hasta el viernes entonces, doctor- saludó Gunther mientras acompañaba a Sonia con su mano en la cintura hacia la puerta del estudio.
Ernst estaba realmente abatido. Había planteado correctamente la hipótesis, había desarrollado respetando a rajatabla el método científico pero no lograba dar sustento académico a su teoría. Y el tiempo para la presentación en Berlín se acababa.
Repasaba por tercera vez sus apuntes cuando Gertrude entró con la bandeja del café. Sirvió dos tazas, las dos sin azúcar, como siempre. Las dos copitas de cognac tintinearon en la bandejita mientras ella se acercaba desde el bargueño. Ernest se quitó los anteojos y la miró mientras distribuía copas y pocillos.
-¿Cómo puede ser?- dijo el doctor Gräfenberg a su secretaria.
-¿Qué cosa, Ernst?
-Que no pueda reproducir la experiencia en el laboratorio.
-Estás obsesionado, y eso no es bueno para llegar a un resultado- le recomendó Gertrude mientras le alcanzaba la copita de cognac que el científico volcó dentro del café mientras la miraba con fijeza.
-Quizás estás omitiendo algún detalle- dijo ella mientras lo empujaba suavemente y lo desplazaba en su sillón con rueditas.
Gertrude era una mujer que podía engañar a primera vista. Siempre esas camisas abotonadas hasta el cuello, ese rodete de institutriz, esas faldas monásticas. Hasta su tono era glacial. Pero cuando Ernst la miraba de un modo particular y ella respondía a aquella mirada, algo se encendía en el aire. Las mejillas de Gertrude tornaban del marmóreo al magenta en un instante y toda ella era como el Bismark enfilando su proa. De los botones no quedaba más que el que sujetaba su blusa al nivel del ombligo y la falda también estaba a la misma altura. Nadie en Friedeschafen lo sabía, pero Gertrude jamás usaba bragas. Nadie salvo Ernst.
Siempre era igual. Una y otra vez. Siempre era maravilloso.
Ernst tenía el guardapolvo y el resto de la ropa desabrochada, la cabeza hacia atrás y los brazos colgando a cada lado del sillón. Gertrude se acurrucaba sobre él.
-¿Por qué no puedo replicarlo en el laboratorio?- se preguntó el científico en voz alta.
-¿Para qué?- repreguntó su secretaria.
-Porque sería un gran avance para la humanidad.
-No estoy tan segura. Creo que sería una nueva obsesión.
-Además ya casi no me queda tiempo para la presentación en la Sociedad y le he dedicado a esto todo mi esfuerzo.
-¡Ah, era por la fama!
-No mujer ¿Qué estás diciendo?
-¡Que cuando el gran científico lo descubra querrá que a su punto lo llamen el “punto Gräfenberg”!
-Con que lo llamen punto G me conformaría.
Gertrude ya se había puesto de pie y estaba evidentemente molesta. Se abrochó la blusa y acomodó la falda. Cuando terminó de rehacer su rodete, tomó el sillón por los apoyabrazos y lo atrajo hacia sí dejando su nariz a milímetros de la del científico.
-El punto mágico que buscas en las mujeres, querido Ernst, se halla exactamente entre nuestros oidos.- dijo, y empujando con fuerza el sillón hacia atrás, se marchó dando un portazo.
El doctor Gräfenberg anotó prolijamente la experiencia en su cuaderno.
Pini Raffaele
-¿Necesita que venga mañana, doctor?
-Le aviso Sonia, vaya nomás. Usted también, Gunther, muchas gracias. Pasen a cobrar el viernes, por favor.
-Hasta el viernes entonces, doctor- saludó Gunther mientras acompañaba a Sonia con su mano en la cintura hacia la puerta del estudio.
Ernst estaba realmente abatido. Había planteado correctamente la hipótesis, había desarrollado respetando a rajatabla el método científico pero no lograba dar sustento académico a su teoría. Y el tiempo para la presentación en Berlín se acababa.
Repasaba por tercera vez sus apuntes cuando Gertrude entró con la bandeja del café. Sirvió dos tazas, las dos sin azúcar, como siempre. Las dos copitas de cognac tintinearon en la bandejita mientras ella se acercaba desde el bargueño. Ernest se quitó los anteojos y la miró mientras distribuía copas y pocillos.
-¿Cómo puede ser?- dijo el doctor Gräfenberg a su secretaria.
-¿Qué cosa, Ernst?
-Que no pueda reproducir la experiencia en el laboratorio.
-Estás obsesionado, y eso no es bueno para llegar a un resultado- le recomendó Gertrude mientras le alcanzaba la copita de cognac que el científico volcó dentro del café mientras la miraba con fijeza.
-Quizás estás omitiendo algún detalle- dijo ella mientras lo empujaba suavemente y lo desplazaba en su sillón con rueditas.
Gertrude era una mujer que podía engañar a primera vista. Siempre esas camisas abotonadas hasta el cuello, ese rodete de institutriz, esas faldas monásticas. Hasta su tono era glacial. Pero cuando Ernst la miraba de un modo particular y ella respondía a aquella mirada, algo se encendía en el aire. Las mejillas de Gertrude tornaban del marmóreo al magenta en un instante y toda ella era como el Bismark enfilando su proa. De los botones no quedaba más que el que sujetaba su blusa al nivel del ombligo y la falda también estaba a la misma altura. Nadie en Friedeschafen lo sabía, pero Gertrude jamás usaba bragas. Nadie salvo Ernst.
Siempre era igual. Una y otra vez. Siempre era maravilloso.
Ernst tenía el guardapolvo y el resto de la ropa desabrochada, la cabeza hacia atrás y los brazos colgando a cada lado del sillón. Gertrude se acurrucaba sobre él.
-¿Por qué no puedo replicarlo en el laboratorio?- se preguntó el científico en voz alta.
-¿Para qué?- repreguntó su secretaria.
-Porque sería un gran avance para la humanidad.
-No estoy tan segura. Creo que sería una nueva obsesión.
-Además ya casi no me queda tiempo para la presentación en la Sociedad y le he dedicado a esto todo mi esfuerzo.
-¡Ah, era por la fama!
-No mujer ¿Qué estás diciendo?
-¡Que cuando el gran científico lo descubra querrá que a su punto lo llamen el “punto Gräfenberg”!
-Con que lo llamen punto G me conformaría.
Gertrude ya se había puesto de pie y estaba evidentemente molesta. Se abrochó la blusa y acomodó la falda. Cuando terminó de rehacer su rodete, tomó el sillón por los apoyabrazos y lo atrajo hacia sí dejando su nariz a milímetros de la del científico.
-El punto mágico que buscas en las mujeres, querido Ernst, se halla exactamente entre nuestros oidos.- dijo, y empujando con fuerza el sillón hacia atrás, se marchó dando un portazo.
El doctor Gräfenberg anotó prolijamente la experiencia en su cuaderno.
Pini Raffaele
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